martes, 16 de mayo de 2017

Ecología | La privatización de los acuíferos


El agua potable es un bien cada vez más escaso. En muchas regiones, los ríos y los canales subterráneos corren peligro de desaparecer o están gravemente contaminados. Las reservas mundiales disminuyen a medida que crece la población, el calentamiento global, la desertización y la actividad industrial. Sin embargo, la demanda mundial de agua dulce se duplica cada 20 años. Antes del año 2025 la demanda de agua excederá los recursos terrestres en un 56%.
Uno de cada cinco habitantes del planeta no tiene acceso a agua potable y uno de cada tres carece de saneamientos adecuados. Cuatro millones de niños mueren cada año por enfermedades causadas por la contaminación de las aguas. El 20% de las especies acuáticas de agua dulce han desaparecido o están al borde de la extinción.
La Mega-Ciudad de México, antaño tierra de bosques y lagos, se hunde irremediablemente debido a la excesiva cantidad de agua extraída del subsuelo. En Texas, los granjeros de las altas praderas bombean el líquido de los acuíferos más rápido de lo que la lluvia tarda en rellenarlos. El acuífero más grande de los Estados Unidos, el Ogallala, se está desecando a un ritmo de 12.000 millones de metros cúbicos al año.
El Mar de Aral, en Asia Central, fue una vez el cuarto lago subterráneo más grande del mundo y una de las tierras más fértiles del planeta. Los dos ríos que lo abastecían fueron desviados por la Unión Soviética para cultivar algodón en el desierto. El nivel del agua descendió más de 16 metros en 22 años. Hoy es un desierto tóxico. La región circundante tiene las tasas de mortalidad infantil más elevadas del planeta.
En India, el caudal del Ganges no sólo está altamente contaminado por arsénico, sino que además ha mermado de tal forma que los pantanos y manglares de Bangladesh corren peligro de desecarse.
En el norte de China, donde se encuentran las dos terceras partes de los campos de cultivo de todo el país, las reservas de agua subterránea se están agotando. En las zonas bajas del río Amarillo no corrió ni una sola gota de agua durante 226 días en 1997. Los tres grandes ríos que atraviesan la región están altamente contaminados.
Australia es el continente más seco del mundo. Parte de los terrenos más fértiles del país han sido destruidos por la salinización provocada por el intento de redirigir el caudal del río Snowy.
En África occidental, la situación es dramática. En Nigeria, la mitad de la población no tiene acceso a agua potable. Y en Sudáfrica la empresa concesionaria del suministro cerró el grifo a un 80% de los pobladores de Alexandra Township por falta de pago.
El lago Chad era hace tiempo el sexto lago más grande del mundo, en la actualidad ha perdido casi el 90% de su superficie y está agonizando.
Las disputas por el control y la propiedad del agua están originando multitud de conflictos internacionales. Según un informe de las Naciones Unidas, el acceso al agua podría ser el detonante de muchas guerras durante los próximos años. Egipto ha amenazado con utilizar la fuerza para garantizar su acceso a las aguas del Nilo, río que comparte con sus vecinos de Etiopía y Sudán. Si la población de estos países continúa creciendo desmesuradamente, la competencia por el agua podría ser atroz. La construcción de represas en Turquía sobre los ríos Tigris y Eufrates constituye un foco de tensión permanente. Siria e Irak han acusado a este país de robarles el líquido y vital elemento.
El agua es el recurso más preciado en Oriente Medio, más incluso que el petróleo. Las aguas del río Jordán fueron una de las principales causas de la guerra de 1967. Los israelíes de Cisjordania consumen cuatro veces más agua que sus vecinos palestinos. Siria ha acusado a Israel de permanecer en las costas del Mar de Galilea para controlar los importantes recursos hídricos de la zona.
El agua será, sin lugar a dudas, el gran negocio de este siglo XXI. De ello son plenamente conscientes las multinacionales, que ya han empezado a desplegar nuevas estrategias para asegurarse su control. En todas partes están presionando a los gobiernos para que privaticen las compañías de aguas y los recursos hídricos.
La prestigiosa escritora y ecologista Vandana Shiva denunció a la compañía estadounidense Bechtel, a la que acusa de “desestabilizar a comunidades locales de varios países del mundo” en su empeño por “impulsar la privatización del agua”. En el año 2000, Bechtel fue expulsada de Bolivia. Un año antes, el Banco Mundial recomendó la privatización de la empresa municipal de aguas de Cochabamba. Bechtel se benefició de la privatización y, pocos meses después, el agua costaba más de la quinta parte del salario medio mensual. Una gigantesca movilización ciudadana paralizó la ciudad durante cuatro días y la compañía se vio obligada a abandonar el país.
Bechtel se ha instalado en el Irak de postguerra con un contrato de 680 millones de dólares relacionado con “los sistemas municipales de agua y alcantarillado, infraestructuras de irrigación y dragado y la reparación del puerto de Um Qasar”.
La reunión que tuvo lugar hace años en Montevideo entre el Banco Mundial y los países del Mercosur tenía por objeto asegurar el control del Acuífero Guaraní, posiblemente la más importante reserva subterránea de agua dulce del mundo. Fruto de los acuerdos alcanzados, el Banco Mundial, la Agencia Internacional de Energía Atómica, la OEA y varios países europeos financian un proyecto destinado aparentemente a la protección ambiental, pero en realidad está orientado a asegurar el control sobre el acuífero por parte de estas entidades.
Las ONGs del Foro Social del Agua consideran que el agua “es un derecho, un bien de la humanidad, y no sólo un recurso renovable con valor económico que puede ser tratado como una mercancía, de la forma que pretenden quienes quieren privatizarla”. El Foro se proclamó contra toda tentativa de privatización y exportación del agua en beneficio de las empresas privadas. Y manifestó su determinación para impedir que el agua se convierta en una mercancía en manos de compañías multinacionales que se lucran a costa del dolor, el hambre y la vida de millones de seres humanos inocentes.

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