domingo, 10 de mayo de 2015

DESPEDIDA DE MI JARDÍN


Fernando L. Rodríguez Jiménez
Cuando el pasado otoño llegué de la selva, me sentí triste al ver el estado del jardín. Siempre he querido mantenerlo asilvestrado, como su propietario, en mi ausencia se la había prestado a una amiga quien no se mereció mi confianza, la casa estaba desastrosa y el jardín seco, muerto. Unos cuantos árboles de encinas y pinos murieron en mi ausencia. Me sentí mal y angustiado.
Poco a poco el jardín recobró ese aspecto silvestre y natural de un trozo de monte, donde las plantas se desarrollan en absoluta libertad, salvo algunas pocas importadas, lo demás es como sale.
A punto de abandonarlo de nuevo, parece despedirme con su máximo esplendor, como si me sonriera, las celindas están tan cargadas de flores que no les cabe más en sus ramas, los tréboles de flores rosadas se distribuyen marcando una nota de alegría y de color, los lilos están hermosos, pujantes, los romeros y tomillos me regalan sus perfume, sus brotes los añado a mi cocina cotidiana, árnica y otras flores amarillas de pétalos múltiples salpican el suelo, la planta viborera de florecillas acampanadas azul-morado, con sus hojas y tallos pilosos, pequeñísimas florecillas rosadas de la familia de los claveles, unas azules, chiquitas como uvas diminutas salen de sus espigas… un mundo de color y alegría, que marca la época en que estamos. Las siemprevivas ganan terreno cada día, y mis arbustos de flores amarillas ya están remitiendo, los lirios me han dado hermosísimas flores, aunque duran poco.
Algunas encinas condenadas a muerte han comenzado a rebrotar, unos olivitos casi muertos están preciosos. Todo está pujante. Pienso que les llega mi energía y mi amor por ellas.
Muchas aves ya están anidando: tórtolas, oropéndolas, gorriones molinero, gorriones común, jilguero, verdecillo... Sus variadas voces son la orquesta que me regala sus trinos cada día. Los ruiseñores me cantan por la noche, los autillos con sus silbidos característicos ponen el contrapunto.
Las mariposas de varias especies y colores son como flores volanderas, van de un lado a otro con sus vuelos vacilantes adornando el espacio por donde pasan.
Siento pena por abandonarlo. Más ahora me voy a un jardín insuperable, donde millones de plantas me circundarán, me darán sus aromas, amistad y mucha paz.

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