martes, 17 de marzo de 2015

LA ETERNIDAD DEL GINKO.



Paseando por Madrid, un día me fijé en los colores amarillos  y la belleza tan singular de un árbol. Era otoño y  yo era consciente de que siempre había estado ahí, pero ese día me sobrecogió su belleza tan sencilla. Es un ginko biloba, enfrente del hotel Palace.
Su familia se extinguió a partir de era de los dinosaurios, pero, oculto en los monasterios chinos, la especie ginko biloba resistió el tiempo. Será que el tiempo no existe, será que sólo los que consideramos que pasa el tiempo somos los que envejecemos, quizás... No tiene ningún pariente hoy en día. Pero hay hembras y hay machos, de hecho, cuando la semilla madura, si no se germina, se pudre y su olor es muy difícil, por eso los ginko que vemos en los jardines o calles son siempre machos.
Se le creyó extinto pero un botánico lo encontró en Japón: realmente era un fósil viviente!, el único que no cambió atravesando el tiempo. Hay restos petrificados de más de 200 millones de años!!!!.
La belleza produce un impacto en el ser que hace que por un momento, mientras la observas, todo lo demás desaparece. Eso me ocurrió allí quieta mirándolo. Sin cremas de belleza, sin abalorios, sin pensar en si es delgado o gordo, seguro de sí mismo, con una actitud de que sabe, de que nadie, si él no quiere, le hará perder. Miré sus hojas, en forma de abanico con una línea central que las separa en dos partes, de ahí "biloba" , dos lóbulos.
Tiene varios nombres "albaricoque de plata", de gin (plata) y kyo (albaricoque), en japonés. También se le llama el árbol de los 40 escudos por el precio que pagó un botánico por traerlo a occidente. También "árbol de oro", pero me gusta el nombre de "árbol de la esperanza". Este nombre tiene su historia:
En 1945 había un ginko  biloba muy cerquita de un templo japonés. Estalló la bomba nuclear y todo se vino abajo. Al cabo de un tiempo el ginko comienza a brotar de nuevo como si nada hubiese sucedido. Se pensó en arrancarlo de ahí para construir el templo de nuevo pero, al final, se decidió que no y, hoy en día, el ginko separa los escalones del templo en dos y se convirtió en símbolo sagrado protegiendo el templo.
De hecho, es un árbol que hace que un fuego no se extienda muy rápido y algunos templos disponen de ginkos todo alrededor: el árbol más viejo del mundo dispone de una sabiduría que no podríamos, todavía hoy, entender!.
BEGOÑA SÁNCHEZ
DIRECTORA EJECUTIVA DE WWW.ESCUELAESENCO.COM


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