martes, 2 de septiembre de 2014

LA MODA DE PLANTAR ARBOLES GRANDES EN LAS CIUDADES.

s. Se trata de un trampantojo, una estafa… Y pienso que los elegidos que eligen plantar, a costa de los contribuyentes, estos trampantojos (en vez de verdaderos árboles) no merece ser reelegido.
Los árboles crecen lentamente y las administraciones, faltas de paciencia (especialmente cuando se acercan elecciones), plantan grandes árboles para obtener un efecto inmediato. Grave error, el ejemplar grande, habiéndose desarrollado durante mucho tiempo en un pequeño tiesto o contenedor, no tiene más que raíces, cortas y deformadas, que nunca alcanzarán las dimensiones normales y nuestro trampantojo caerá al primer vendaval.
Tratándose de árboles, rechacemos la tiranía del tiempo breve o acelerado, y aceptemos vivir a su ritmo apacible. Una ciudad que planta con árboles jóvenes sus nuevos barrios, da una imagen positiva y un testimonio de la confianza de la colectividad en el porvenir… Sólo el árbol joven va a desarrollar raíces largas y adaptadas a la dirección de los vientos dominantes y la calidad de este sistema radicular garantiza su solidez. Se obtendrá un árbol sano, que sobrepasará pronto a los árboles plantados ya grandes.
Añadamos el aspecto económico: la duración de los cuidados en vivero y las dificultades de mantenimiento, hacen que los gastos que generan estos grandes ejemplares sean muy superiores. Si aplacan el conflicto entre el tiempo corto de los hombres, y el tiempo largo de los árboles, ustedes, los elegidos, recuperarán la confianza de sus electores, (incluidos los más sensibles en materia de ecología).
Pero esta gestión adecuada de su tiempo no es suficiente. Es preciso entender su modo de vida para aclimatarlos a nuestras ciudades, haciéndolos “ciudadanos de pleno derecho”. Respetarlos implica comprender lo que debemos aportarles, e identificar las prácticas que debemos prohibir en este sentido.
Del buen uso de los árboles, por Francis Hallé (Actes Sud, 2011)

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