viernes, 19 de septiembre de 2014

Defender los árboles les ha costado la vida.

CRÓNICA DE UNA MUERTE ANUNCIADA: UN TRIBUTO A EDWIN CHOTA

Crónica de una muerte anunciada: un tributo a Edwin Chota
El 8 de septiembre de 2014, Edwin Chota, líder indígena peruano y activista contra la tala ilegal de árboles, fue asesinado junto con tres de sus compañeros asháninkas.
Los cuatro hombres procedían de la Comunidad Nativa Alto Tamaya-Saweto, que encabezaba Edwin, situada en el Amazonas Ucayali de Perú.
Edwin llevaba años luchando incansablemente para reclamar el reconocimiento por parte del Estado de los territorios ancestrales de su comunidad y para que se expulsaran a los taladores ilegalesque operaban impunemente en sus bosques, situados en la frontera brasileña.
Edwin nunca logró que los taladores criminales fueran expulsados, ni tampoco consiguió que el Estado les otorgara plenos derechos sobre la tierra, pero nos ayudó a conocer los problemas de la protección de los bosques de la Amazonía Peruana en losseminarios que Sustainlabour organizó en colaboración con las centrales sindicales CGTP, CUT y CATP el pasado mes de julio.
Lloramos su muerte y pedimos justicia.
Edwin se encontró con constantes problemas de procedimiento. El reconocimiento oficial de la comunidad indígena de Saweto se produjo en 2003, un año después de haber concedido parte de su territorio a una explotación forestal por un período de 40 años. La explotación forestal tenía “prioridad”, aunque el Estado se había comprometido a estudiar y resolver el caso.
“Hasta que no tengamos la titularidad de la tierra, los leñadores no respetarán nuestra propiedad. Nos amenazan. Nos intimidan. Y van armados”, había expresado Edwin en numerosas ocasiones.
En abril de 2014, Edwin había presentado una denuncia en Pucallpa, capital de Ucayali, identificando con nombre y apellidos a los taladores ilegales y presentando como prueba varias fotografías de su actividad.
Esta última denuncia, junto al trabajo incansable de los últimos años, pudo costarle la vida.

Valiente
Presentar una denuncia en el contexto de impunidad de esta región es un acto de valor extremo.
Es el territorio donde tiene lugar el 80% de la tala ilegal de Perú.
A pesar de que recibía amenazas constantes de los taladores ilegales que le tenían en el punto de mira, Edwin no llevaba más protección que un machete y su tesón.
Las mafias de la tala se mueven con impunidad y hacen unos beneficios enormes, según la Agencia Internacional Ambiental (IEA). Un árbol adulto de madera de caoba puede costar en el mercado ilegal 11.000 USD.
El comercio ilegal es sofisticado y poderoso. Según el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), los beneficios mundiales de la tala ilegal de árboles pueden oscilar entre 30 y 100 mil millones USD al año. De hecho, entre el 10 y el 30% de todo el comercio maderero mundial es ilegal.
En Perú esta proporción es mucho mayor. Según un informe delBanco Mundial de 2012, el 80% de la explotación maderera de Perú proviene de la tala ilegal de árboles.
Gracias a su trabajo y valentía, esta actividad ilegal estaba denunciada y documentada. Pero los activistas indígenas no deberían tener que asumir la responsabilidad de la protección de la Amazonía – eso es competencia del Gobierno.
Sin embargo las comunidades indígenas podrían desempeñar un papel mucho más importante en la protección de estos bosques, siempre y cuando se les garantizasen sus derechos y se les reconocieran sus territorios ancestrales.
Perú no ha conseguido defender sus bosques amazónicos ni defender el derecho a la vida de los miembros del pueblo asháninka.
Y no porque la Administración no estuviera informada. Según la Central Autónoma de Trabajadores del Perú (CATP), sindicato al cual estaban afiliados los cuatro compañeros asesinados, desde el Ministerio de Agricultura, el Organismo Supervisor de los Recursos Forestales y de la Fauna Silvestre (OSINFOR) y la Procuraduría Pública del Ministerio de Medio Ambiente, el Ministerio de Relaciones Exteriores y la Defensoría del Pueblo, se había manifestado que darían seguimiento a las denuncias de Edwin.
De hecho, estaba previsto que en septiembre se llevara a cabo una inspección de la tala ilegal de árboles en la zona. Pero los inspectores no se presentaron.
Edwin deja una viuda embarazada y un hijo de ocho años. También deja una huella imborrable en todos los que en algún momento tuvimos el honor de hablar y trabajar con él.
Numerosas organizaciones sindicales internacionales, entre ellas la CSI, la CSA y la BWI, han enviado cartas de protesta al Presidente Ollanta Humala. No descansaremos hasta que se haga justicia.

Este articulo fue originalmente publicado en el sitio web deSustainlabour

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