sábado, 3 de mayo de 2014

Jane Jacobs, destellos de sostenibilidad

Jane Jacobs, destellos de sostenibilidad


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URBANISMO, TERRITORIO Y PAISAJE

En abril del 2006, moría en un hospital de Toronto (Canadá) a los 89 años de edad, Jane Jacobs una de las figuras más notables del urbanismo de la segunda mitad del siglo XX. Con este motivo el Boletín de Ciudades para un Futuro más Sostenible publicó en septiembre de 2006 un pequeño homenaje a su figura “Jane Jacobs en la red”, donde se pueden encontrar los principales enlaces para conocerla más a fondo, y que me libera de colocarlos a lo largo del artículo como en ocasiones anteriores. De Jacobs existen cientos de estudios, de análisis, de tesis. Sin embargo, cada vez que uno lee sus obras (y no solamente Muerte y vida de las grandes ciudades, su texto de referencia) encuentra cosas nuevas y ya sólo por esto merecería la pena dedicarle un artículo. Además entiendo que resulta imprescindible hacer notar su existencia a los jóvenes del siglo XXI que, probablemente, pensarán que una autora cuyo libro fundamental es del año 1961 tiene pocas cosas que decir acerca de los nuevos tiempos. Si es así, se equivocan completamente.

Jane Jacobs, de Urbanfoto

En mi pequeña biblioteca de “libros siempre a mano” uno de los pocos que tengo siempre localizado (estante central en medio de la fila) es Muerte y vida de las grandes ciudades. La mayoría, desde Lo rural y lo urbano de Lefebvre hasta La Arquitectura de la ciudad de Aldo Rossi o La proyectación de la ciudad moderna de Benévolo (por ejemplo, son los primeros que se me han venido a la cabeza) los tengo que buscar específicamente porque van pasando los meses, y a veces los años, sin que tan siquiera los recuerde. Es decir, son libros de su tiempo que, poco a poco, quedan sepultados (en algunos casos injustamente) por la urgencia de lo cotidiano y los nuevos problemas de este siglo pero que, por nostalgia o por lo que sea, no soy capaz de eliminar de “los libros siempre a mano”. Pero al libro de Jacobs no le ocurre lo mismo. Los planteamientos ecologistas, los de seguridad ciudadana, los métodos de planificación, el espacio público (parte importante de Bauman está en Jacobs), la reivindicación de la urbanidad frente a la ingeniería urbana y tantos otros temas claves en este siglo están aquí, siempre dispuestos para una cita, una idea o un consejo.

Portada del libro en castellano e inglés

Por supuesto que la palabra sostenibilidad no aparece en el libro de Jacobs, ni tan siquiera los presupuestos teóricos o ideológicos que tratan de enfrentar este reto del siglo actual. Sin embargo, si tratamos de resumir sus propuestas para la ciudad veremos la extraordinaria coincidencia con los criterios que deben seguir las ciudades sostenibles (o menos insostenibles): mezcla de usos, variación en las tipologías edificatorias, densidades que permitan mantener una vida urbana digna de ese nombre o calles frecuentadas. Casi, punto por punto, podría tratarse de un manual sobre sostenibilidad urbana.

Jane Jacobs en 1963, de 91st Meridian

También en sus escritos hay controversia y elementos polémicos, probablemente responsables en mayor medida que los anteriores de su notoriedad. La lucha fundamental fue contra Robert Moses, también conocido como “el zar”, que representaba la prepotencia del urbanismo de renovación centrado en el saneamiento urbano mediante la ingeniería y la cirugía (cortar trozos de ciudad y sustituirlos por otros más “modernos”). Su lucha no fue sólo teórica, se centró en la Lower Manhattan Expressway autopista llena de carriles y de nudos para cuya construcción Moses pretendía eliminar Greenwich Village el barrio de New York donde vivía Jacobs. Afortunadamente nuestra autora le ganó la partida y el barrio es todavía hoy uno de los más vitales de la ciudad. Pero también tuvo otros enfrentamientos. Por ejemplo, con Lewis Mumford que contestó a las propuestas de Jacobs con una crítica titulada “Los remedios de mama Jacobs para el cáncer urbano”. O con Saskia Sassen acerca de si fue primero el comercio y luego el asentamiento (Sassen), o primero el asentamiento y luego el comercio (Jacobs).

Lower Manhattan Expressway, de Skyscraperpage

Es necesario advertir (lo hace la propia Jacobs en la introducción al libro) que sus análisis y propuestas se refieren a los barrios centrales de las grandes ciudades. No a los suburbios, ni a las ciudades medias o pequeñas. Esto es importante porque una buena parte de sus observaciones atienden a un hecho clave en este tipo de ciudades, lo que Louis Wirth llamaba el anonimato. En un suburbio o en una ciudad pequeña un extraño que pasea por una calle es un desconocido. En un barrio central de una gran ciudad la práctica totalidad de los paseantes son desconocidos. Es así como comienza su análisis del uso de las aceras: “Mantener la seguridad de la ciudad es tarea principal de las calles y aceras”. Esta tarea ha sido palmariamente obviada por la práctica totalidad del urbanismo y la planificación actuales. Ya he discutido en otros artículos de este blog (sobre todo los relativos al espacio público y al diseño urbano seguro) la imperiosa necesidad de que nuestras ciudades sean seguras para que sean sostenibles. La inseguridad conduce directamente a una ciudad segregada, separada en trozos en la que las diferentes clases sociales, el comercio, las oficinas, las áreas de espectáculos, se van separando entre sí constituyendo verdaderas áreas especializadas y propiciando inútiles desplazamientos para poder llevar la cabo las labores más cotidianas con una infrautilización del espacio verdaderamente clamorosa. Es decir, da lugar a ciudades ineficientes.

Imagen de Plataforma Urbana

Aún a riesgo de alargarme demasiado y, puesto que el uso de la calle tiene tanta importancia para Jacobs, no me resisto a reproducir los párrafos siguientes: “Una calle hecha para vérselas con extraños y que aspire a gozar de un determinado nivel de seguridad, al margen de la presencia de esos extraños -así son siempre las calles de una vecindad que ha sabido solucionar el problema-, ha de reunir estas tres condiciones: En primer lugar debe haber una neta demarcación entre lo que es espacio público y lo que es espacio privado (…) Segundo, ha de haber siempre ojos que miren a la calle, ojos pertenecientes a personas a las que podríamos considerar propietarios naturales de la calle (…) Tercero, la acera ha de tener usuarios casi constantemente, para así añadir más ojos a los que normalmente miran a la calle, y también para inducir a los que viven en las casas a observar la calle en número y ocasiones suficientes.”

Greenwich Village, de Dutchnatasja

Algunas de las cosas que, por ejemplo, dice Bauman en sus últimos libros están ya aquí (y eso que ya pronto celebraremos el cincuentenario de su publicación): “En Chatham Village, las casas están agrupadas en colonias que comparten espacios verdes y patios de recreo interiores; la urbanización globalmente, está equipada con muchos otros servicios destinados a una 'participación (comunicación) cerrada', como clubs de vecinos en los que se celebran fiestas, reuniones, bailes, etc.; también hay actividades propias para las señoras, partidas de bridge, sesiones de costura, bailes y guateques para los niños. No hay ningún tipo de vida 'pública' en esta urbanización. Lo que hay son diversos tipos de vida privada ampliada.” Podría seguir reproduciendo párrafos y párrafos sobre las aceras, los parques o las barriadas que constituyen la primera parte del libro. En realidad, el ejemplar que tengo (antes tenía la costumbre de firmar y fechar todos los libros que compraba, éste está fechado en marzo de 1974 y cuenta con mi antigua firma de estudiante) de la editorial Península está prácticamente subrayado por entero prueba inequívoca de que, para mí, no tiene desperdicio.

Greenwich Village, de Scandblue

En la segunda parte titulada “Condiciones previas de diversidad urbana” estudia los factores generadores de diversidad y constituye el resumen y base de sus propuestas. Jacobs dice que“para generar una diversidad exuberante en las calles y distritos de una urbe son indispensable cuatro condiciones”. La primera sería que el distrito (la mayor cantidad posible de partes del mismo) tiene que cumplir más de una función primaria de forma que se garantice la presencia de personas fuera de sus hogares en circunstancias y por motivos distintos dispuestas a usar los servicios comunes. La segunda es que una parte substancial sean manzanas pequeñas de forma que se garanticen muchas esquinas y cruces de calles. La tercera es que exista una mezcla compacta de edificios, viejos y nuevos, caros y baratos, etc. Y la cuarta es que ha de haber una concentración humana suficientemente densa. A lo largo de las setenta y cinco páginas que siguen se estudian de forma detallada estos cuatro factores. Al final en un apartado titulado “Algunos mitos sobre la diversidad” aborda algunos temas de ¡paisaje urbano! congestión e inseguridad relacionados con su propuesta.

Greenwich Village, de Dutchnatasja

En realidad todo este segundo capítulo (desde mi punto de vista el fundamental del libro) se basa en la necesidad de que la ciudad sea compleja y diversa. Y estos son los presupuestos básicos de la ciudad sostenible. Jacobs buscaba una ciudad humana en que las personas desarrollaran sus roles urbanos de la mejor forma posible y, precisamente ahora, nos encontramos con que esta es la mejor ciudad para conseguir un uso eficiente del territorio y los recursos. Resulta sorprendente comprobar como, por distintos caminos puede llegarse al mismo sitio. Ahora hablamos de ciudad sostenible pero, en realidad, podríamos también referirnos a una ciudad más humana, más vital, más vivible, más eficiente, más racional (en el sentido más noble de la palabra racional), y estaríamos hablando de lo mismo. Probablemente los matices podrían ser ligeramente distintos pero el sustrato básico de las propuestas resultantes sería muy parecido.

Jane Jacobs en The White Horse Tavern, de Robinson en The Future of New York

El resto del libro es también de un enorme interés de forma que le pido a todos los que no lo hayan leído que lo hagan. Merece la pena. Para terminar voy a reproducir unos párrafos del último apartado del libro para que se pueda entender un poco más claramente la razón del título de este artículo. Jacobs intenta establecer una relación entre ciudad y naturaleza. Su tesis es que gracias a la mediación de la ciudad (dicho de forma irónica: el asiento de “la maldad y la perversión”) fue posible que los ciudadanos pudieran contemplar la naturaleza como algo bueno y puro, según sus palabras “como un gran perro de San Bernardo para niños”. Dice algo más adelante: “Hay toda una serie de peligros en sentimentalizar la naturaleza. La mayoría de las ideas sentimentales implican en el fondo una falta de respeto profunda e inconsciente. No es casual que nosotros, los americanos, probablemente campeones del mundo en esto de sentimentalizar la naturaleza, seamos al mismo tiempo, no menos probablemente, los mayores, más voraces y menos respetuosos destructores del idílico y salvaje mundo rural”.


“A esta actitud esquizofrénica no conduce el amor o la falta de respeto a la naturaleza. Por el contrario, es un deseo sentimental de retozar, con un talante más bien condescendiente, con una cierta sombra de naturaleza, insípida, estandarizada y suburbanizada, haciendo con esto clara ostentación de descreimiento respecto a que nosotros y nuestras ciudades, por el simple hecho de ser, somos una parte legítima de la naturaleza, de una manera más profunda y sutil de lo que puedan dejar suponer nuestro cariño por la hierba bien adecentada, los baños de sol y los miradores de panorámicas. De esta forma, todos los días se tragan los bulldozers varios miles más de acres de nuestro campo, que luego se cubren con pavimento y se dotan con suburbanizaciones, con lo cual se mata aquello que se pensaba haber encontrado. Nuestra insustituible herencia de una tierra agrícola de primera calidad (un raro tesoro de la naturaleza en nuestro globo terráqueo) se sacrifica a las autopistas y los aparcamientos de los supermercados con tan poca consideración e inconsciencia como se talan los árboles de los bosques, o como se corrompen las corrientes y los ríos y se llena el aire con los escapes de gas (productos a su vez de la transformación de los subproductos geológicos de la naturaleza), todo ello requerido por ese gran esfuerzo nacional por hacernos agradables una naturaleza falsificada y escapar de la “antinatural” ciudad”.


¿Hay mejor forma de hablar de sostenibilidad sin mencionar la existencia de tal concepto? Recuerdo al lector que estas frases son de 1961. Es verdad que un año después Rachel Carson publicará Silent Spring el mayor éxito de divulgación de las ideas ecologistas de toda la historia del movimiento que, de alguna forma, vino a completar el libro de Jacobs. Pero, sin embargo, las relaciones entre ciudad y naturaleza pocas veces han sido tan profundamente tratadas (precisamente por ser estudiadas desde una perspectiva urbana) como en Muerte y vida de las grandes ciudades. La naturaleza apenas se menciona (sólo al final), pero está siempre ahí, detrás de todo el aparato inductivo que utiliza la autora. Poco importa que Jacobs no fuera ni urbanista, ni arquitecta, ni ecóloga, ni ingeniera, ni matemática (en realidad, su paso por las aulas fue tan fugaz como un meteoro). Lo que hizo, sencillamente, fue mirar lo que tenía delante de sus ojos y describirlo. Muchas veces los urbanistas, los planificadores, los arquitectos, organizamos complicadas teorías y luego intentamos forzar la realidad para que funcione de acuerdo con ellas. Las consecuencias suelen ser desastrosas. Resulta imprescindible vivir previamente las ciudades y mirarlas de forma activa y atenta. De lo contrario corremos el riesgo de organizar complicadas y erróneas teorías frecuentemente imposibles de verificar, planes irreales o proyectos equivocados.

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