martes, 11 de febrero de 2014

Los nuevos contadores de la luz: contaminación y sistema PLC masivo sin estudio de impacto

Las compañías eléctricas –y todo indica que las de gas yagua van a hacerlo también- están cambiando los actuales contadores por otros electrónicos con la excusa de que mejoran la calidad del servicio. Así comienza el reportaje que he publicado este mes en la revista Discovery DSaludTelegestión llaman a su propuesta que no tiene otro objetivo que poder controlar nuestros datos de consumo eléctrico desde la central sin tener que mandar personal a leerlos; sólo que el sistema elegido funciona en muchos casos emitiendo 24 horas al día microondas -es decir, radiaciones electromagnéticas- con el riesgo que eso supone para la salud.
Además, se inyectan altas frecuencias en la red -para emitir datos- algo no realizado hasta ahora de manera masiva por lo que se desconoce su posible impacto en la salud. Os recomiendo leer el original en la revista. Hoy os hago un resumen. Mañana concreto sobre los aspectos jurídicos del asunto.
La propuesta de cambiar los actuales contadores de la luz por otros que permitan a las empresas controlarlos a distancia para ahorrarse el coste que les supone tener que enviar alguien a leerlos, se puso en marcha hace unos años. En España la regulación de este cambio se inició en el ámbito de la electricidad mediante la Orden ITC/3860/2007, de 28 de diciembre –publicada en el Boletín Oficial del Estado (BOE) de 29 de diciembre de 2007- que establecía que todos los contadores de potencia inferior a 15 kW debían sustituirse antes del 31 de diciembre de 2018 por equipos que permitan la telegestión.
Para ello hay que empezar sustituyendo los antiguos contadores de electricidad -aparatos presuntamente caducos aunque funcionan perfectamente- por otros electrónicos que permitan que los datos puedan transmitirse hasta la central. ¿Cómo? Pues merced al llamadoSistema PLC -por sus siglas en inglés de Power Line Communications o Comunicaciones por Línea Eléctrica-, método que permite enviar datos usando como soporte los propios cables de la red eléctrica convencional ya que la convierte en una línea digital de alta velocidad al usar altas frecuencias; es decir, por encima de los 50 herzios que es la frecuencia normal de la red.
De esa manera, el propio contador hace llegar la información correspondiente de cada usuario hasta la compañía. En unos casos porque el mismo aparato cuenta con una antena que emite directamente los datos a la central -que es lo que al parecer está haciendo Iberdrola- y en otros porque la señal va desde el contador individual hasta un aparato –un concentrador- ubicado en el interior del centro de transformación de la zona y desde éste se emite luego la información a la central a través de una antena –que es por lo que ha optado Endesa-. Con lo que en unos casos desde todas las viviendas de cada edificio se emiten radiaciones de microondas y en otros desde cada centro de transformación (normalmente uno por urbanización o manzana).
En suma, los concentradores -uno en cada centro de transformación- recogen y ordenan los datos de cada usuario provenientes de los contadores situados en los portales y los envían a los centros de control de cada ciudad o zona, bien utilizando la red actual de comunicaciones inalámbricas -de la que forman parte las antenas de telefonía móvil que vemos repartidas por todo el territorio-, bien instalando nuevas antenas.
Y esto se hace mediante Wimax -siglas de la expresión inglesa Worldwide Interoperability for Microwave Access o Interoperabilidad mundial para el acceso por microondas-, método de transmisión de datos que utiliza ondas de radio con frecuencias de entre 2,3 y 3,5 gigahercios. Es decir, se trata de un sistema similar al WiFi solo que de mayor potencia y alcance.
Aquí radica el principal problema: si ya la red de antenas de telefonía en España es inadmisible resulta que ahora va a aumentarse haciéndola mucho más densa. De lo que cabe inferir que la radiación electromagnética de nuestro entorno será en breve enorme. Justo cuando todos los organismos internacionales están recomendando sustituir las antenas de telefonía, los WiFi y los Wimax por fibra óptica.
¿Y se ha hecho antes de aprobar todo esto algún estudio del impacto que puede tener en la salud de las personas? La respuesta, por incomprensible que resulte, es NO. Por ello en el Bufete Almodóvar & Jara estamos estudiando el asunto a petición de un grupo de personas afectadas. Si lo deseas puedes unirte escribiendo a traficantesdesalud@gmail.com


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