martes, 6 de agosto de 2013

UNA NUEVA GENERACIÓN DE JÓVENES SE ESTÁ MANIFESTANDO A FAVOR DE LO QUE CONSIDERA LOS “BIENES COMUNES” URBANOS?

 


¿UNA NUEVA GENERACIÓN DE JÓVENES SE ESTÁ MANIFESTANDO A FAVOR DE LO QUE CONSIDERA LOS “BIENES COMUNES” URBANOS?
Las grandes ciudades en muchos países emergentes, presentan aspectos altamente opresivos para sus habitantes que se han incrementado con el tiempo. Desde mediados del siglo pasado millones de personas se han volcado sobre las ciudades, una parte importante de ellos en carácter de refugiados internos y obligados por las circunstancias y otros muchos por su propia voluntad con la esperanza de encontrar en las grandes ciudades trabajo, vivienda, salud y educación que sus ámbitos de origen no les proporcionaban. Este fenómeno de urbanización acelerada, que oficialmente (Naciones Unidas) se juzga positivo, no lo es tanto y en primer lugar porque el desarraigo es una lesión sicológica y emocional sobre las personas que tarda generaciones en mitigarse.

La realidad de la vida cotidiana para la gran mayoría de los llegados en las últimas décadas está lejos de cumplir con las expectativas depositadas y en la mayoría de los casos la esperanza inicial es reemplazada por el desaliento o la resignación resentida ante las frustraciones prolongadas. La vivienda es un sueño de muy difícil alcance y los pequeños espacios que se encuentran para vivir son insuficientes para el desarrollo de una vida plena, tanto en lo individual como en lo familiar y grupal. El trabajo no es tampoco ni fácil de obtener ni estable en la mayoría de las situaciones. La educación se desenvuelve en escuelas superpobladas e insuficientes en los niveles primarios y secundarios y accesos difíciles y hasta casi imposibles en los niveles superiores. El resguardo de la salud presenta la situación común de espacios abarrotados, turnos de atención muy espaciados y tratamientos hechos con apuro y sin demasiada atención a la condición humana de los pacientes.

Esta realidad que, con matices, es verificable en casi toda la Región Latinoamericana y del Caribe (con muy pocas excepciones en algunos aspectos puntuales) también alcanza a países de otras regiones del planeta como el caso de Turquía por ejemplo.

Sin embargo, dentro de este panorama, una difusa idea de los “bienes comunes” a nivel urbano comienza a tomar forma al interior de las poblaciones y a partir de ella se incuban reclamos elocuentes que se hacen (además del trabajo y la vivienda) sobre el transporte público, sobre los espacios abiertos públicos, o la calidad de la educación y la salud y su accesibilidad.


Es agobiante y hasta inhumano que el viaje de ida y vuelta hasta un trabajo exigente e inestable consuma hasta un 50% extra al ya prolongado horario dedicado al mismo. Que a su vez el trayecto se realice en transportes abarrotados y hasta inseguros y con frecuentes cambio de medios para llegar a destino en medio de calles congestionadas y ruidosas. Ello con independencia del costo del viaje, que si es alto agrava el malestar hasta límites que pueden ser insoportables.

Es igualmente agobiante e inhumano que la salud sea una mercancía en manos de empresas que muestran su riqueza con edificios fastuosos pero que su funcionamiento es burocrático y trabado, con interminables trámites y papeleos que insumen un tiempo considerable, con atenciones médicas brevísimas y superficiales y con la permanente amenaza de no lo cubierto en los gastos de atención y tratamiento. A su lado hospitales públicos en donde concurren cantidades numerosas de personas (que pueden conformar verdaderas aglomeraciones) con esperas interminables, tratamientos que se estiran indefinidamente y con frecuencia, falta de los elementos adecuados.


La inmensa mayoría de las viviendas en estas grandes aglomeraciones urbanas son pequeñas, predominando las de uno o dos ambientes, que obligan por la opresión que provocan a un mayor uso de los espacios públicos. Calles y sobre todo parques y espacios abiertos son la única posibilidad de expansión siempre compartida con otros miles de personas. Los días de descanso muestran peregrinaciones de multitudes hacia entretenimientos saturados de concurrencia sean espectáculos deportivos, conciertos, cines o espacios públicos en donde sea posible realizar alguna reducida práctica de algo.

Esta limitada e incompleta descripción de la urbanidad en su situación presente, y que comienza a despertar rebeldías entre los jóvenes, muestra además claras diferencias de clases sociales. El reclamo incipiente que surge por estos días, se centra en las vivencias de los jóvenes de las llamadas clases medias (medias bajas y medias-medias) ya que la población de menores recursos, la que ocupa villas, favelas y asentamientos, la que solo consigue trabajos informales o cuentapropistas, la que muchas veces no tiene para alimentarse o para viajar, sufre otros problemas (mas graves todavía) y es común que  muestre pocas esperanzas de un cambio realmente profundo y favorable.

En las grandes ciudades de los países emergentes, la gestión de los gobiernos locales, estaduales o nacionales encuentra limitaciones formidables para mejorar realmente las condiciones de vida de los habitantes urbanos y con frecuencia todo queda reducido a una serie de promesas o slogans de campañas o arreglos puntuales de muy limitado alcance. El resultado de esto es que los problemas se acumulen  y se acumulen. Pareciera que todos los funcionarios están de acuerdo que hay que planificar el desenvolvimiento urbano, pero cuando se fijan las metas fundamentales es frecuente escuchar entre los llamados especialistas el concepto de “tener el derecho a mas ciudad” o “brindar mas ciudad”. Sinceramente no alcanzamos a comprender que se quiere expresar con ello. ¿Significa seguir saturando las calles con mas vehículos? ¿O congestionando aceras y peatonales con multitudes apuradas que se atropellan unos con otros? ¿O hacer mas lentos y penosos los desplazamientos del transporte público? ¿O que la especulación inmobiliaria nos vaya arrebatando cada día otro pedazo del cielo urbano con sus altos edificios y/o vaya cercenando espacio público para nuevas construcciones y privatizaciones? ¿Qué cada día haya menos árboles y mas pavimentos?


Alrededor de estos temas es que se han centrado los reclamos de las multitudinarias manifestaciones que en las  últimas semanas conmovieron tanto a las principales ciudades turcas como a numerosas ciudades brasileñas. ¿Una nueva generación de jóvenes se está manifestando a favor de lo que considera los “bienes comunes” urbanos?

Estas manifestaciones han sorprendido por su espontaneidad, alta concentración de personas (mayoritariamente jóvenes de las llamadas clases medias), decisión y resistencia, sorpresa que incluye tanto a políticos como a analistas y/o medios (algunos de los cuales se han mostrado atónitos y asustados, agresivos o errados en sus enfoques)  Si algo queda claro es que las viejas ideologías y los preconceptos arrastrados por un capitalismo agonizante (aún en su variante “progresista”) no alcanzan para analizar la realidad de esta etapa con facetas supuestamente imprevistas y novedosas (que no deberían ser tanto)

A pesar de ciertas similitudes en los reclamos de las manifestaciones multitudinarias, la realidad de Turquía o Brasil son muy diferentes entre sí y obliga a una reseña por separado.

Las manifestaciones en Estambul y Ankara


El régimen turco es reaccionario y autoritario dentro de una falsa democracia tutelada por las fuerzas armadas. Entre sus características particulares está que las fuerzas armadas garantizan (porque ello está establecido en sus actas fundacionales como nación) un régimen laico en un país con inmensa mayoría de personas que practican un islamismo moderado.

El permanente objetivo del gobierno turco de las últimas décadas ha sido su ingreso a la Unión Europea, intención reiteradamente bloqueada (hasta con malicia) por la UE aunque ello no fue obstáculo para realizar inversiones europeas durante la etapa de la globalización en algunas industrias (se destaca la automotriz) aprovechando el menor costo relativo de la mano de obra turca.

La casi obsesión por ser aceptado como miembro de la UE ha llevado al gobierno turco a hacer “méritos” ante la élite imperial (es miembro de la OTAN desde 1952) y en los últimos tiempos ha estado empeñado en la “tarea sucia” de ayudar a la destrucción de su vecina Siria apoyando a las brigadas mercenarias y facilitando los corredores para el envío de armas a los “rebeldes” que combaten al gobierno sirio. En ello estaba ocupado cuando estallaron las manifestaciones en Estambul que se extendieron hasta su capital Ankara.


Las manifestaciones que llegaron a ser muy numerosas y decididas comenzaron el 30 de mayo en la Plaza Taksim (un sitio emblemático de Estambul) exigiendo que no se concretara un proyecto de desarrollo urbanístico para un nuevo centro comercial que eliminaría la mayor parte del vecino Parque Gezi. (uno de los pocos espacios verdes con que cuenta Estambul). La convocatoria hecha por las redes sociales a partir de un grupo ecologista denominado Plataforma Taksim tuvo una respuesta tan numerosa que sorprendió a organizadores y observadores. Si bien la protesta comenzó en forma pacífica y hasta festiva, la reacción gubernamental no se hizo esperar y una feroz represión se desató sobre los manifestantes causando numerosos  heridos además de proceder la policía a efectuar numerosas detenciones.

Esto enfureció a la población y a partir de allí las manifestaciones se hicieron en forma diaria y fueron multitudinarias, se extendieron a Ankara y se ocupó al parque Gezi de día y de noche incluso armando campamentos en medio de continuas y cada vez mas violentas represiones que eran enfrentadas por los manifestantes con entereza y decisión admirables. El gobierno turco encabezado por el premier Recip Endorgán mostró lo mas siniestro de su cara dictatorial y finalmente logró quebrar  (después de quince días) la resistencia de los manifestantes con un saldo de cinco muertes, miles de heridos e innumerables detenciones que incluso continuaron luego de levantadas las protestas con detenciones de manifestantes que fueron capturados en sus casas y trabajos previamente identificados por las imágenes y por los policías de civil infiltrados entre la muchedumbre.

Días después de quebrada la resistencia de los manifestantes, estos volvieron a la plaza Taksim para rendir homenaje a los caídos y fueron nuevamente reprimidos con mas detenciones. Desde el comienzo de las protestas se estima que el gobierno turco ha detenido a no menos de 8000 personas y que serían 5000 los heridos por la brutal represión.


Es posible que por el momento el gobierno turco logre desalentar nuevas manifestaciones, pero la semilla que estos valientes jóvenes han sembrado, germinará sin dudas en algún momento porque sus banderas son ya el sentimiento que abarca a toda una generación.

Las manifestaciones en San Pablo, Rio de Janeiro y otras ciudades brasileñas


Las protestas comenzaron en San Pablo el 6 de junio con motivo del aumento del boleto para el transporte público. El costo del transporte es alto en Brasil y el nuevo precio fijado de 3,20 reales – 1,45 dólar - (válido para ser usado durante tres horas cambiando hasta cuatro vehículos de transporte) puede significar un gasto de hasta 200 reales mensuales cuando el salario mínimo está fijado en 678 reales.

La convocatoria fue realizada por el movimiento denominado Passe Livre, un colectivo social surgido en  el Foro Social Mundial de Porto Alegre que aboga por el transporte gratuito. Los primeros manifestantes fueron estudiantes y en los primeros días no eran mas de 5000 personas las reunidas en San Pablo según cálculos policiales. Sin saber quién empezó primero, la represión policial (inducida por los monopolios mediáticos opositores) fue también aquí violenta y hubo incidentes y destrozos, heridos y detenidos. A partir de estas acciones iníciales, la protesta se extendió como un reguero de pólvora a Rio de Janeiro, Brasilia y numerosas otras ciudades de Brasil. El día 17 de junio se estimaron que los manifestantes ya eran 250.000 y para el 20 de junio había ya cerca de 1.000.000 manifestándose en 80 ciudades, en un país poco acostumbrado a manifestaciones de este tipo.


Las consignas se ampliaron. Al tema transporte se agregaron paulatinamente los reclamos por las restricciones a la sanidad y educación y un generalizado rechazo a los muy importantes gastos que está haciendo Brasil para la Copa del Mundo en Futbol que se realizará el año próximo, así también como los gastos para las Olimpíadas a realizarse en 2016. En el momento que comenzaban las protestas se negociaba en Paris que San Pablo fuera sede de la Exposición Universal del 2020.

Brasil es una nación emergente cuya economía (la novena del mundo) la pone a la cabeza de la América Latina. Forma parte del grupo de los BRICS (junto con Rusia, India, China y Sudáfrica) un conjunto de países que busca compensar el peso de las élites imperiales en las decisiones mundiales. También forma parte de la UNASUR y de la CELAC. Su papel de potencia emergente suele tener muy ocupados a sus gobernantes, lo que puede haber influido para generar cierta distancia entre ellos y el pueblo.

Las políticas internas aplicadas por el gobierno brasileño (primero por el encabezado por el presidente Lula y luego por la presidenta Rousseff) se inscribe dentro de un capitalismo desarrollista distributivo que según las estadísticas ha logrado sacar de la pobreza entre 30 y 40 millones de personas que pasaron a formar parte de la llamada nueva clase media (cabe aclarar que los indicadores de ingresos para el cambio de clase son muy bajos, lo que hace discutible la conclusión). Esto, entre otras medidas y logros, le otorga al gobierno brasileño el consenso mas alto dentro de los gobiernos de la Región Latinoamericana.

Por ello la sorpresa por estas manifestaciones inesperadas ha sido mayúsculo en toda la sociedad, sorpresa que aumentó al verificar que numerosos manifestantes pertenecían a esta llamada nueva clase media.


Los manifestantes, con su presencia multitudinaria, presentaron un perfil heterogéneo con una mayoría inquieta por los “bienes comunes” de tendencia pacífica y democrática, junto a la cual se mezclaban delincuentes dispuestos al saqueo y grupos organizados fascistas empeñados en la destrucción de edificios públicos  y equipamiento urbano.

Sin dudas que la situación tuvo picos de gravedad considerable y requería de una urgente respuesta que llegó por parte de la Presidenta quién bajo la consigna “hay que escuchar la voz de la calle” consiguió que se revirtiera el aumento dispuesto en el precio de los boletos, además de comprometerse para reunirse con los organizadores y estudiar las propuestas que estos pudieran hacerle llegar en pos de una sociedad mas justa e igualitaria. También propuso un gran pacto nacional para mejorar la situación de los transportes y otros servicios públicos, finalmente hubo una promesa alrededor de un plebiscito para reformar la Constitución en pos de una reforma política largamente postergada.

Con dos muertes denunciadas, un centenar de heridos y un número indeterminado de detenidos, buscando contener a una policía siempre dispuesta a los excesos (que responde a caciques estaduales o locales), con espíritu democrático e ideas mas o menos claras, se logró mitigar una revuelta popular que amenazaba la estabilidad del país líder de la América del Sur.
El contraste con Turquía es evidente en cuanto a los resultados, pero el espíritu de multitudes de jóvenes lanzados a la defensa de lo que entienden como los “bienes comunes” que la vida urbana debe brindar es muy similar y ambos casos merecen todo el apoyo de las personas honestas y comprometidas del mundo.
25 de junio de 2013

No hay comentarios:

Publicar un comentario