miércoles, 8 de mayo de 2013

La Pava y la Gallina Cuentos terapeutas de alta montaña.






 
Esta historia ocurre en un verano caluroso, en esa finca ecológica de la que ya os he hablado, en una isla pequeña del gran océa-
no Atlántico, en Tenerife, donde todavía existen algunos parajes tan bellos semejantes al Jardín del que habla Jiun, el monje en sus poemas Zen. Corren los tiempos de final de siglo, cuando casi todos los hombres de los países industrializados están ocupados en practicar el arte  del  trabajo con estrés; sin ello no habríamos dado el salto de gigante que estamos dando como humanidad hacia un futuro mejor para todos. Y al mismo tiempo, ocurren cosas tan misteriosas como las que ahora os voy a contar.

No tengo experiencia de ganadería, ni tampoco apenas en agricultura, mis conocimientos se acercan más a la fitoterapia clásica, pero me gus- ta mirar lo viviente y asombrarme con ello.
En ese momento de mi vida, y justo delante de mi casa, ese entorno específico atrae toda mi ener- gía atención e intención creadora donde los ani- males, las plantas, el aire y la luz se intercambian lenguajes favorecedores de vida, donde todos encuentran una vía de expresión perfecta a su encarnación en este planeta escuela.
A su biología y a su condición cósmica habién- dose desarrollado una unidad, para el disfrute de miles de niños que han venido contentos a pasar un rato aprendiendo de lo viviente que quedará




primero impreso en su retina, luego en su mente, y que algunos no olvidarán.

Ya que sin duda una imagen vale más que mil palabras, yo me atrevería a decir que una imagen viva, disfrutar de una experiencia creativa unida a la luz y a la palabra adecuada van más allá, se guardan para siempre en nuestra esencia.

Resulta que una gallina que se paseaba por la finca, quería criar, estaba deseando echarse en un sitio cálido y oscuro, ponerse a empollar unos huevos y ofrecer su ser y su protección a nuevas criaturas. Entonces la mano siempre bondadosa del que cuida el Jardín del Amado, le puso debajo tres huevos de pava que se estaban quedando fríos, y la gallina muy contenta aunque los vio raros, grandes y deslumbrantes, al momento se puso a empollarlos con todas sus fuerzas.

Al mismo  tiempo  una pava que  vivía cerca vio como sus pequeñas crías se iban muriendo por- que habían nacido débiles, y al ver que su vecina la gallina daba a la luz unos espléndidos pavitos se quedó asombrada, y pensó:
-¿Serán acaso mis hijos?-, porque su  instinto, que no le engañaba, le permitía reconocerlos como  pavitos.
La gallina le dijo con sus cacareos de disgusto y sus sonidos guturales que la pava estaba equivo- cada, que había irrumpido en su jardín, en su te- rritorio de cría, y que ella misma los había criado y ayudado a nacer con su calor, con su esfuerzo




y su ayuno tantos días y noches y que eran por eso sus hijos...
Y... ¿qué fue lo que ocurrió?...
Que la pava se fue acercando poco a poco a la gallina con un paso lento, suave y ceremonial, protegiendo con su cuerpo el espacio y las salidas de los pequeños, y la gallina se dejó ayudar por tan serena niñera, haciéndose amigas insepara- bles.

Acabaron uniendo sus fuerzas y juntas cuidaban en todo momento a los pequeños pavos, las dos madres buscaban brotes tiernos de hierba, pe- queños gusanos del suelo, la gallina escarbaba el suelo enérgicamente para aflorar los minúsculos microorganismos tan sabrosos y proteicos.

La pava, vigilante, no les dejaba separarse del ca- lor familiar, buscando con su buena vista los gra- nos más tiernos que caían de nuestras manos no por casualidad, cerca, en el cantero, vigilando al cernícalo en el cielo y a otros animales cercanos, ya que su gran tamaño se lo permitía.
De  noche  dormían  bien  juntas,  completamente unidas la una al lado de la otra, con los pavitos debajo de su plumaje para protegerlos del frío. Los pavitos bien alimentados crecían deprisa y un día en el que paseaban por la finca tomando el sol del amanecer dorado de la mañana, me saludaron como cada día.
En ese momento pude  ver  con  mis  ojos  como se encontraron con otras dos majestuosas pavas que también criaban a sus pequeños; éstas miraron detenidamente a la gallina, a los pavitos, a la pava, volvieron a mirar evaluando la extraña situación, pero decidieron que los pequeños eran todos iguales, aunque unos eran blancos y otros negros.

Después de saludarse un buen rato y canturrear misteriosos sonidos especiales, la gallina, la pava y las dos pavas con crías decidieron pasar juntas la crianza de sus hijos atravesando en una nueva aventura toda la extensión de la finca, ayudándose mutuamente, protegiendo la vida.

El grupo crecía, pronto llegaron a reunirse con los hermosos pavos negros, los machos que vivían en la parte baja del jardín de frutales. Estos recibieron abanicando sus colas a la comitiva familiar y así todos juntos crearon un espacio de cooperación donde la mutua necesidad de desarrollarse, la protección a los más débiles y las condiciones benéficas del lugar, hicieron posible esta situación indiscriminada.

Porque lo que estamos mirando, ya nos ha salva- do, como afirmó Peter Handke, nos ha salvado de nosotros mismos, y sin embargo; este empuje altruista no es siempre el de la vida. Por supues- to, sin ninguna intención, ya que lo vivo no busca un finalismo o una utilidad concreta aunque sea indispensable para los humanos, ofrece y se ofrece sin medida. No hay segundas intenciones en la vivacidad, en lo vivo y menos un imperativo categórico.




La vivacidad no es cómo debe ser, es sólo como se puede ser para vivir lo más posible, atendiendo a las condiciones cada día más difíciles de suelos enfermos, polución y merma de espacios con cultivos naturales; el gran talento de lo vivo es ni más ni menos que el de albergar y el de explorar, pero siempre proponiendo tal cantidad de matices que sin duda nos proporcionan las más incontables y fantásticas realidades, ya que, en ofertas para la fascinación, la realidad de la naturaleza supera a todas las historias y a todos los escritos.

Porque cuando descubrimos nuestro centro, es cuando descubrimos el centro de los demás, ésta es la clave de la relación armoniosa entre los seres, para mantener viva la vida. Para obrar en consonancia con ella, ya que nos ha dotado con un enorme cerebro, único testigo consciente de tanta perfección, por lo que sólo podemos sentir- la, cuidarla, descubrirla,  por  supuesto  utilizando la imaginación.




Reflexiones



¿Crees que es una satisfacción natural del ser hu- mano el hecho de cooperar con sus semejantes? Cooperar, apoyar, ayudar a otro ser humano, en el bienestar de alguien que no va a agradecértelo puede ser una de las formas más sanas de altruis- mo, porque aunque así se haga, en el hecho de dar siempre se recibe y muchas veces lo inespe- rado.
¿Conoces alguna sociedad en la que cualquier sistema de violencia haya sido erradicado?
¿Crees que en las sociedades modernas la violen- cia física más dura se está transformando poco a poco más que en descargues verbales, litigios y consecuentes legalidades, en deportes, en traba- jo racional, en juegos, en actividades que regulen nuestra adrenalina?
¿Crees que el refinamiento interior que se logra con la educación de nuestras emociones puede ser la gran obra de arte de toda nuestra vida?
La  cooperación,  el  servicio  desinteresado  como forma de civismo, la buena acción, nos acerca sin duda a la paz, que se hace camino seguro hacia la cima de la montaña, hacia un bienestar logrado desde dentro, con el esfuerzo de uno mismo. Escribe tus impresiones sobre la historia, contesta estas sencillas preguntas



Ella



No podemos continuar estos relatos sin reconocer la inmensa cantidad de energía que en este momento están ofreciendo las mujeres en todo el planeta Tierra.
Aunque estos escritos primeros se refieran a la mujer arquetípica, están escritos para todos no- sotros, en lo que yo me incluyo. La conocí, estuve cerca de ella en muchos momentos, sobretodo en los más profundos e importantes de su vida. Estos relatos sobre Ella empiezan con esta historia. Corrían los años noventa, una mujer madura llamada Arual venida de un país europeo marchó a retirarse a un pequeño pueblo del sur de la India, junto al océano. Allí se aposentó en una pequeña casita, desde la que se divisaba una larga franja de playa casi siempre desierta.

Salía todas las mañanas al apuntar el sol a dar un largo paseo entretenida con la contemplación de la belleza de la luz sobre las aguas, y al mismo tiempo sumida en lo profundo de sus pensamien- tos meditativos. Uno de esos días, en los que se encontraba en la playa, divisó a una joven, que por sus movimientos rítmicos parecía danzar, al acercarse a ella, comprobó que esta hermosa jo- ven recogía las estrellas de mar que se hallaban varadas en la arena y una a una, las devolvía al océano con gracia y decisión.
Al preguntarle por qué hacía esto, muy interesa- da, la jovencita le contestó: “No lo ves, con este sol tan fuerte del verano, si las estrellas se que- dan en la playa, se secarán y morirán.” Arual no tardó en replicar: “Querida niña, hay cientos de kilómetros de playa en estas costas y centenares de miles de estrellas de mar-¿qué vas a lograr con eso, sólo devuelves unas pocas al océano?-
La joven tomó al momento otra estrella en su pequeña mano y mirándola fijamente contestó: “Es posible, pero para ésta ya lo he conseguido, porque vivirá.”, y la lanzó al mar, después con un sonrisa siguió su camino.

Aquellos días que siguieron Arual no pudo conciliar el sueño, al fin, tomó una decisión. Se levantó de madrugada y al despuntar el sol buscó a la joven que devolvía vida a la vida en aquella playa dorada, se reunió con ella y sin decir palabra comenzó a recoger estrellas y a devolverlas al mar. A los pocos días, volvió a su país, reanudó su trabajo y ni un solo día ni una noche dejó de pensar en aquel acontecimiento que le había hecho vibrar en lo más profundo de su ser. Dar vida para que la vida viva, desde su trabajo personal y des- de la fuerza de todo su ser.

Éste ha sido desde la noche de los tiempos el que- hacer de la mujer, de las mujeres ,en general de lo femenino, de esa parte de todo lo que existe, que lo contiene todo, que es capaz de abarcarlo todo y que ahora más que nunca se empieza a valorar, a entender y a reproducir.
En todo caso ya es demasiado extraño hablar de principios y finales ya que todo sigue, todo es continuo; y queda aún camino por delante para dejar las palabras libres y abandonadas a mis- mas, viajeras en el tiempo, flotando en el espacio, que vuelan sin carga, como queda la música cuando se aleja de las fuentes, o como el murmullo del agua deslizándose al fin sobre nuestra piel desnuda.
Estos son retazos de la vida de una mujer, de “Ella”, historias que pertenecen a  la  cultura  de los seres vivientes, a su sentir profundo, a sus necesidades, a sus modos y a sus comos y a sus ahoras.

Ella, arquetípica; es una mujer que ha vivido, ha experimentado el fracaso, el éxito, la soledad, la comunión, ha sido capaz de salir limpia y más consciente de las pruebas y los espirales de su vida, es como el fruto en la tierra, la vida en el agua, la luz en el aire, la electricidad en las estrellas.



Queridos amigos lectores, me dirijo a vosotros, a ti ahora mientras lees estas páginas. Siéntate confortablemente, deja volar tu mente, permite que los deseos y los deberes cesen por un instan- te, escucha tu respiración, observa como entra y sale el aire de tus pulmones, como respiras sin esfuerzo, escucha a tu corazón latir, serenarse, y deja que la paz se haga cargo de ti, de todas tus células, entorna los ojos, y escucha sin esfuerzo.
Estas líneas en blanco están para que puedas compartir con esa niña de las estrellas de mar, con todos los hombres y mujeres que están sin- tiendo lo que tu sientes en este momento, y tam- bién conmigo; tus vivencias, tus momentos de lucidez para que puedas fortalecerte y recrearte en ellos.
¿Recuerdas alguna acción desinteresada que te haya dejado un especial aroma?-
¿Has visto con tus propios ojos como funciona con los demás el bien por el bien mismo?- Escribe tus vivencias y tus recuerdos.






Y ahora volviendo a la historia de Arual, ¿A quién crees que está salvando la joven de la historia?-
¿Crees que a ti te puede pasar lo mismo, que al igual que las estrellas de mar, una parte de ti se está secando con las idas y venidas de la vorágine de la vida?-
¿Crees que leer y practicar con un libro como éste, puede ser para ti “un ritual de salud” que te ayude a compensar algún dolor por pequeño que sea, escondido en carencia en tu interior?-
¿Te ha tocado alguna vez en tu vida interpretar el papel de salvadora o de salvador?-
¿Crees que las acciones altruistas están compen- sando sentimientos frustrantes de culpa escondi- dos en nuestro interior?-




Di lo que piensas escribiendo.































Cuando pasan las tormentas acabamos por pen- sar que el mayor servicio que podemos dar a los demás es lograr vivirnos con una mente feliz y compasiva, abiertos a la alegría esencial, siempre contagiosa y exenta de manipulaciones emocio- nales. Ciertamente es absurdo no hacer nada, porque podemos hacer muy poco, ¿Qué vale más, hacer un poco aunque sea pequeño, o no hacer justificando buenos razonamientos?-



La obra más importante que podemos hacer es nuestra vida misma, vivir en nuestro propio cen- tro como la mejor acción para encontrarnos con el de los demás, y claro, la mejor actitud, es llegar a los demás con una mente feliz. Cuando abrimos nuestro ser a la alegría, a la sencillez y a permi- tirnos la esencia, nuestra emanación y nuestra vibración personal será un presente que todos guardarán en su corazón.











































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