domingo, 7 de abril de 2013

LA GRAN HISTORIA DE RUFO,EL PERRO CANTOR. HISTORIA REAL ESCRITA POR LAURA DORIA.


Historia de Rufo, el Perro Terapeuta Cantor
Ésta es la historia de mi Perro Rufo, un Collie, con el que compartí trece años de lecciones magistrales para ambos y aprendizaje del mundo animal.

Rufo era un pastor coollie que vino de un país del norte de Europa, cuando era todavía un pequeño cachorro peludo.
Llegó un día de primavera al aeropuerto del sur de esta isla Tenerife, en una gran caja cuna llena de papeles para calentarlo. Estaba muy cansado de tantas horas de viaje. Al posarlo sobre la hierba fresca de un jardín vecino, plantó sus pies con determinación y al limpiarlo, acomodó  su cabecita puntiaguda sobre mi cuello y reconociendo mi olor humano se quedó profundamente dormido.

Habíamos hecho ya un pacto de solidaridad y mutuo respeto para siempre. Ha sido desde siempre mi costumbre practicar las enseñanzas básicas a mis perros, y nunca he necesitado de la violencia ni de la dominancia para hacernos entender. Enseñarles cosas nuevas con premio funciona cuando somos constantes y consecuentes con lo que queremos ofrecer.
Rufo era azul mirlo, su color gris salpicado de negro, fuego su rostro y un enorme collar blanco nieve poblaba su cuello.
Aprendía muy deprisa todas las indicaciones que le íbamos dando, y nosotros de su peculiaridad y sus cualidades, escuchaba atentamente el sonido de los pájaros, atendía con exactitud a los ruidos de los coches cuando pasaban por la carretera y siendo todavía un cachorro, su buen oído le hacía distinguir a todos los vehículos de la familia y los de los amigos y vecinos y ladraba con fuerza cuando era un extraño el que se acercaba a la puerta de hierro del jardín.
Sabía cuál era su papel y lo desempeñaba con toda su capacidad, necesitaba  aprender y le agradaba el contacto humano, se acercaba despacio cuando me sentaba a descansar apoyando su cabeza despacio sobre mis rodillas para ser reconocido y ofrecer su contacto.
Era para mí una necesidad subir a las Cañadas del Teide para dar largos paseos meditativos, cuando Rufo nos acompañaba a las montañas y sentía el frío de las cumbres, se ponía en contra del viento para sentir con más fuerza el caer de la nieve, entornaba los ojos de satisfacción permitiendo
que las gotas heladas que caían de las nubes lavaran su pelo suave, elevando su cabeza, mirando hacia el cielo para recibir este regalo de agua pura con la boca abierta resbalando en su garganta.                                           

Cuando venían los días cálidos y el jardín se llenaba de hojas tiernas, los pájaros silvestres se afanaban a hacer sus nidos y a criar. Rufo sabía donde vivía cada familia de capirotes y hacía una ronda de control para venir a echarse cerca de la puerta, en una sombra fresca.

Sus mejores momentos llegaban cuando venían los niños,  necesitaba salir a la carretera para saludar y dejarse acariciar por los niños que, con sus madres, esperaban en el cruce la parada del autobús del colegio.
Y aunque era grande y muy peludo, su paciencia atraía hacia él a los más pequeños que querían tocarlo y cuando lo acariciaban, se quedaba muy quieto para que la mano pequeña no se retirara asustada de su cuerpo.
Uno de sus disfrutes mayores comenzaron cuando los niños de los colegios empezaron a venir a una finca que yo dirigía de enseñanza medioambiental para compartir los animales domésticos autóctonos esas clases de materia en vivo sobre la ecología, a conocer más la naturaleza, los frutales, los animales domésticos, etc. Rufo entonces se sumaba a un grupo de
niños, casi siempre cerca de los más pequeños, escogía al grupo que lideraba mi hija Natalia, nuestra monitora experta, y junto a  los maestros acompañantes, hacía el recorrido de la finca una y otra vez, cada día de visita.
Saltaba en medio de ellos, acercándose a la valla donde estaban los animales, se acercaba a los cerdos, a las gallinas, a las ovejas para percibir tantos olores, recogiendo información en su cerebro, y sólo volvía a casa o se recostaba en la sombra cuando todos los niños se habían marchado, tal era  la responsabilidad que le comunicaban sus genes, su disfrute de estar vivo y su aplicación del aprendizaje.

Era ya todo un adulto, y llegó a la casa otro ser pequeño, mi primer nieto en su cuna. Rufo se aposentó al lado de él y ya no dormía más durante el día, cambiando su lugar de reposo habitual por estar a los pies de la cuna, muy cerca del niño. Al menor sonido gutural o llanto se levantaba inmediatamente como movido por un resorte y venía corriendo a avisarnos con su ladrido, y así todo transcurría...
Pero un día de esos especiales, transparentes, donde algo sutil flota en el aire, donde la sincronicidad está actuando, se hallaba el bebé en los brazos de su madre, cerca de una parchita perfumada, sentada tomando el fresco veraniego en el jardín, yo miraba a la madre y al niño, Rufo relajado, muy cerca del niño como siempre, mirando sus gestos, y en ese instante el niño dijo su primera palabra, un pajarito trinó en la rama allí mismo en la parchita, y unos segundos después Rufo, levantándose;  nos deleitó con una canción, un aullido modulado profundo, perfecto y musical.

A partir de ese día yo estimulaba en Rufo su melodía en los momentos que me parecían mas adecuados para ambos, Rufo cantaba sus melodías en mi compañía y cerca del niño, tal era su sensibilidad y destreza, yo aprendí de la unidad y conexión de los reinos de la naturaleza, el sonido del cernícalo en vuelo estimulaba su deseo de cantar, en el rato del baño del niño en el porche, también cantaba su aullido modulado, ya que las manitas del niño salpicaban el agua de la pequeña bañera, y que cuando el estado sereno subía del fondo de mi interior, sobretodo en ratos de silencio, lectura o estado meditativo; Rufo lo captaba y mostraba la capacidad de su canto.

Y así empezó a hacerse maduro, a frecuentar la compañía tranquila de la gente que venía a mi consulta de Naturismo y de Psicoterapia Trans-personal, a solicitar quedarse cerca de mí y de mi paciente en esos momentos del día, para entrar en un estado relajado, tranquilo, con el sonido de la conversación intimista casi siempre, cargada de intensos silencios en los momentos de reflexión, o de algunas emociones encontradas compartidas. Entonces él, que parecía dormido, levantaba la cabeza captando las diferencias de entonación en aquellos pasajes de la comunicación donde se levantaba o se bajaba la voz debido a la intensidad... Cuántas veces las personas imaginaban que el perro lo estaba entendiendo, y valga el antropomorfismo, estimulaba sin saberlo la sonrisa de certeza y de agradabilidad de mi paciente.

Decidí  enseñarle diferentes técnicas de acercamiento con leves señales de mis manos y de mi cara. El perro ya convertido en animal de terapia, se acercaba al paciente poniendo la cabeza en su mano, realizando el protocolo de actuación aprendida a la perfección, haciendo estas diferentes acciones que ayudaban inmensamente a la persona en su proceso.

Luego vinieron tiempos difíciles para mi familia, se iban derrumbando pilares que habíamos construido con esfuerzo. Llegó el final del proyecto de aquella finca después de años de éxito, el divorcio, mi enfermedad acompañada de apnea durante la noche.
Muchas veces dejaba de respirar ya que dormía sola. Rufo empezó a subirse a mi cama y a despertarme. Constaté que se quedaba despierto toda la noche,  obligándome a moverme en los momentos en los que dejaba de respirar, a despertarme para no caer en una apnea profunda y no volver a respirar más por parada cardiaca.
 Empecé a enseñarle que no hacía falta que se subiese a la cama, ya que era un esfuerzo para él, sus patas traseras ya ancianas no tenían la flexibilidad para el salto, por lo que puse un colchón de bebé junto a mi cama, para su comodidad. Aprendió a lamerme la cara y a morder mis sábanas, esperando a que me moviera, lo tocara asintiendo,  al escuchar mi respiración.

Esta acción duró casi un año, en el que logré superar esta afección. Era mi costumbre cepillar su pelaje después de su noche de trabajo conmigo ya por la mañana, algo que le resultaba agradable, le daba su buena comida fresca, luego, al fin descansaba con un sueño reparador.
Muchas personas expertas me decían que los perros pastores y los labradores y golden retriever son los perros mas inteligentes y adaptables para asistencia y terapia. Ahí se gestó, desde entonces mi intención de criar y educar estos  animales, para hacerlos felices y para que pudieran transmitirla a los seres humanos.

Y así fue interiorizándose, quedándose en silencio, hasta que un día dejó de sentir interés por su pienso, su carne y su arroz, empecé a darle de comer a la boca pedacitos pequeños, en realidad no quería comer ya. Vino mi amigo veterinario, Rufo está cansado de vivir, está débil, lo abracé y me despedí de él, mi amigo se ofreció a ponerle un suero en su laboratorio para evitar tanto sufrimiento del animal. Y cosa extraña que nunca había ocurrido, Rufo
con paso cansino pero decidido, se subió por su propia voluntad al coche de mi amigo.
Al momento, llegué con mi coche al hospital veterinario. Al llegar allí, depositó con delicadeza a Rufo sobre una manta y se dispuso a preparar el suero, pero cuando volvió junto a él, había muerto. 
Pienso que algunas criaturas extraordinarias que habitan en este planeta, tienen en sus genes la posibilidad de darlo todo, es su manera de estar en el mundo.

Su fuerza traspasa las capas de cielo aclarando las tinieblas de los mundos de ignorancia, llevando al universo su eco y volviendo de nuevo como
Luz a todos los seres humanos. Salvarse es querer tan solo, lo que uno ya tiene, unido a muchas dosis de reciprocidad, dar y recibir. Vivir es también dialogar, acercarse a cualquiera de las formas de convivencia, como hace lo vivo, para que vivamos.
Que la vida que hemos recibido, la que nos ha precedido, es la que nos ha regalado la vida que tenemos, la que nos mantiene vivientes y nos permite ser y comprender. Ojala algún día hayamos sido lo suficientemente sabios para transmitir estas opciones mejoradas y hacerlas garantía de los que vienen después.

Comentarios:

¿Se puede medir la inteligencia de los perros solo desde su capacidad cerebral? ¿Tienen los perros solo instinto de superación o pueden prevenir accidentes? ¿Generan consciencia los perros? ¿ Crecen y maduran mentalmente como lo hacen las personas a su lado?

Mi opinión: Constato que todo lo que existe en el Universo palpita, se mueve y se transforma evolutivamente. Creo en la solidaridad y el amor de los animales, en la ayuda inmensa que nos han regalado para sobrevivir en tiempos pasados y la compañía y respeto que les debemos en el presente. Agradezco la maestría que me han dado, creo que la evolución espiritual está en todos los seres.
Laura Doria – Naturópata.



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