viernes, 5 de octubre de 2012

Cambiar de vida: en el campo y en el pueblo


http://www.proyectovivirenelcampo.com/2012/10/cambiar-de-vida-en-el-campo-y-en-el-pueblo/

Parece ser que con la crisis estamos viviendo un movimiento neo-neorural. Allá por los 80 España vivió una vuelta al campo, un movimiento neorural como se llamó por entonces. Mucha de la bibliografía que encontramos y con la que tratamos en la actualidad parte de aquella época. Estos intrépidos eran descendientes directos de agricultores, muchos de ellos habían vivido también en pueblos, otros no. Se encontraron con un medio rural muy abandonado, precios por los suelos, una legislación más abierta que les permitió hacer muchas cosas (no todas buenas por supuesto), etc. Pero de todo esto os he hablado ya en varias ocasiones.
Pues bien, ahora estamos asistiendo a una nueva vuelta al campo aunque, eso sí, en otras condiciones totalmente distintas. Los pueblos también fueron víctimas de la burbuja inmobiliaria (casitas de verano y fin de semana de los urbanitas) y han quedado muy inaccesibles económicamente para los nuevos camprucios. La legislación también se ha vuelto más restrictiva y se ejecuta de otro modo, de manera que se hace difícil y caro construir. Y del mismo modo emprender un negocio.
Parece que los astros se han alineado para amargarnos la vida, queridos amigos. Bueno, en tiempos difíciles mi recomendación es siempre clara: establecer claramente vuestro objetivo final y a partir de ahí, buscar la mejor forma de conseguirlo. Vamos a ver, papel y lápiz (siempre me ha ayudado plasmar las cosas en papel para verlas claras). ¿De dónde parto? Pues estoy sin trabajo o con un trabajo de mierda, estoy de alquiler, tengo hipoteca; tengo familia o no, tengo ahorros o no, mis aptitudes son tales y mis conocimientos tales otros. Sed sinceros con vosotros mismos.
Bien, tenemos objetivo y punto de partida. Una vez establecidos ambos puntos que no es ninguna tontería (ojo, nosotros tardamos unos cuantos años en descubrir cual era nuestro objetivo), tenemos que buscar el camino para conseguirlo.
Y diréis, ¡claro, nos estás vendiendo los platos pero sin comida! Cada cual tiene que plantarse ante su situación, hacer una valoración de posibilidades, y tomar decisiones. El peor caso que se me ocurre es una hipoteca con hijos, sin trabajo, ¡qué se yo! ¿Y qué opciones tienes si me estás leyendo y estás en esa situación? Pues mira, lo primero que yo haría, una vez decidido qué quiero hacer con mi vida, es ver la posibilidad de alquilar la vivienda hipotecada. No es momento de vender, si puedes adelante, pero no te cierres tú mismo las posibilidades. Si no hay otra opción, alquila y si tienes que bajar el alquiler sobre lo que te gustaría, pues lo mismo te vale la pena.
¿Cuál es la otra opción? Quedarte en tu casa, esperando eternamente a que te llegue el trabajo, con ganas de cambiar de vida.
En fin, las cosas muy claras, sobre todo. ¿A qué me voy a dedicar? ¿Para qué valgo, qué se hacer? ¿Realmente necesito todo esto para vivir? ¿De qué puedo prescindir?
Y no os cerréis puertas. Os pongo nuestro ejemplo, ya os he hablado muchas veces de nosotros. No somos paradigma de nada, me han escrito en muchas ocasiones solicitándome información en la prensa, en algunas de ellas esperando que fuéramos jóvenes anarquistas que han hecho un macuto con una muda limpia y se han largado descalzos al desierto almeriense, viviendo del agua de las pitas y vendiendo el cordel que sacamos de sus hojas. Lo siento pero no, vivimos en una ciudad, luego en un pueblo-dormitorio justo al lado: asqueante. Supimos que queríamos una vida de campo y nos planteamos buscar/construir un cortijo entre naranjos y almendros. Hicimos el famoso recuento que os he recomendado más arriba y resulta que nuestro camino para llegar a ello era laberíntico y rocambolesco, con un futuro plagado de penas y sin glorias aseguradas. Así que dijimos, ¿cómo podríamos hacerlo de modo que fuera lo más parecido posible a lo que queremos pero con menos esfuerzo económico y familiar? Nos fuimos a un pueblo de sierra, cerca de la ciudad pero más independiente, aprovechando un terreno familiar a las afueras y rodeados de huertos, en un precioso valle donde por las noches podemos oir grillos y mochuelos.
No tenemos un par de hectáreas de terreno virgen, no tengo burro, hay vecinos y mi casa va a ser del tamaño que nos permite el terreno y el urbanismo, el terreno está escarpado y nos dificulta el transporte de materiales y la obra. Pero a cambio no tenemos un enorme préstamo por el terreno, ya estamos viviendo en nuestra casa, como no tenemos préstamo en cuanto esté funcionando nuestro proyecto laboral podremos ser dueños de decidir qué hacer con mi trabajo, nuestra hija podrá ir andando al cole y mi mujer se siente más segura cuando no estoy en casa que si viviéramos aislados.
Todo este rollo venía a que me han preguntado un par de veces últimamente por nuestro proyecto. La vida de campo no se restringe a vivir aislados, un pueblo que aún lo sea y de un tamaño pequeño te permite llevar una vida de campo y es una opción intermedia.
En cualquier caso, por favor, no os cerréis, siempre es mejor un mal menor que os permita vivir mejor que agarrarse a un barco que se hunde.
Un abrazo muy fuerte a todos y mucho ánimo.

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