martes, 14 de agosto de 2012

El jardín edén de Panrico

El jardín, propiedad del fundador de la empresa Panrico, está considerado uno de los tesoros botánicos de Europa.

El jardín edén de Panrico

Juan Carlos Rodríguez. Fotografías de Chema Conesa.
"Esto es lo más parecido a un paraíso terrenal que yo pueda imaginar". Con la mirada en el horizonte, José Rivera Larraya (Madrid, 7 de marzo de 1936) contempla su bosque-jardín desde uno de los miradores, con magníficas vistas a la costa sur de Luarca (Asturias). El propietario no exagera: la naturaleza parece haberse encaprichado de este rincón asturiano asomado al Cantábrico. Un vergel de 12 hectáreas con más de 500 especies botánicas que podría haber servido de inspiración a El Bosco para su Jardín de las delicias. Castaños, abedules, secuoyas, rododendros y azaleas conviven en este singular espacio con camelias de 200 años, hortensias de 3 m y especies exóticas como el milenario ginkgo biloba, el único ser vivo que resistió a la bomba de Hiroshima.
Aunque esta mañana las nubes amenazan lluvia, la primavera ya ha teñido de color el Jardín de la Fonte Baixa, situado en la parte alta de Luarca. De fondo se escucha el trino de los pájaros, que acuden en bandadas a este privilegiado edén.
Por extraño que parezca, hace 20 años era un prado donde pastaban las vacas… "Encontré este sitio de casualidad", explica José Rivera, quinto marqués de San Nicolás de Nora y uno de los fundadores de Panrico junto a Albert Costafreda, quienes, en los 60, importaron el donut desde Estados Unidos. "Mi cuñado Rafael Menéndez me habló de una parcela para construir una casa. Cuando vine a verla, el paisaje me cautivó", recuerda el empresario, que compró el terreno en 1983. Por entonces no podía imaginar que acabaría metiéndose en un jardín: poco a poco fue adquiriendo las parcelas colindantes y consiguió hacerse con las 12 hectáreas actuales, de las cuales 10 están ajardinadas.
En los 'Jardines de Panrico' trabajan cinco personas. En la foto, de izq. a dcha,. Manuel Alba (guía), José Rivera (propietario) y Rafael Ovalle (paisajista).
En los 'Jardines de Panrico' trabajan cinco personas. En la foto, de izq. a dcha,. Manuel Alba (guía), José Rivera (propietario) y Rafael Ovalle (paisajista).
Una vez construida su casa de 600 m2, buscó el asesoramiento de un reconocido viverista y paisajista, Rafael, Falo, Ovalle, principal "culpable" de la tardía vocación del empresario por la jardinería. Junto con su mujer, Falo es el propietario de Viveros Ovalle, que albergan más de un millón de camelias, la mayor colección de Europa. "Al principio, José sólo quería ajardinar la zona de la vivienda, apenas 200 m, pero le planteé modelos de actuación y se fue emocionando", explica este experto, que se inspiró en la jardinería atlántica de los pazos gallegos.
Como paisajista, Ovalle reconoce que "el reto fue muy grande: por el emplazamiento, las dimensiones y la importancia del propietario". Y afirma que en los últimos 25 años no se ha diseñado, "ni en España ni en Europa", un jardín naturalista privado tan excepcional como éste. "Ni siquiera los de Versalles, de unas 800 hectáreas, pueden presumir de esta diversidad. Aquí tenemos tanto plantas mediterráneas como eurosiberianas", dice orgulloso. Sin duda, el suelo ácido, la temperatura subtropical y el alto índice de lluvias contribuyen a esta explosión de la naturaleza.
Desde el principio, el marqués apostó por un espacio extensivo y naturalista: "La ratio es de tres hectáreas por trabajador". Muchos árboles, como algunos castaños centenarios, fueron comprados y salvados de una tala segura. Con esa acción introdujeron una masa forestal que hoy parece centenaria, como la de cualquier bosque asturiano. Con la diferencia de que la distribución, la variedad y la ornamentación convierten a este espacio en una "caja de sorpresas".
José Rivera, en uno de los rincones de un enorme jardín de Luarca.
José Rivera, en uno de los rincones de un enorme jardín de Luarca.
PREGUNTA. José, ¿qué tiene de especial su Jardín de la Fonte Baixa?
RESPUESTA. Su paisaje prestado: el mar, a veces pacífico y a veces tenebroso. Es el punto de fuga del jardín y, dependiendo de la época del año, le da un contraste diferente. Aquí la policromía estacional es bárbara. El color estalla en primavera, pero yo prefiero la profundidad del invierno, o esos carmines raros de los liquidámbar en otoño.
P. ¿Cuál es su modelo de jardín?
R. Me gustan eclécticos y coloristas, siguiendo la corriente del paisajista brasileño Roberto Burle Marx. Entre mis referentes también están los exuberantes jardines de Madeira.
P. ¿Dónde se aprecia su sello?
R. Soy muy barroco. A veces he desatendido las recomendaciones de Falo, porque tiendo al abigarramiento. He ido incorporando plantas poco ortodoxas para lo que se considera un jardín atlántico.
P. ¿Cuánto vale este paraíso?
R. Su valor es incalculable y lo dan su emplazamiento, biodiversidad y dimensiones. Para los ejemplares únicos habría que aplicar las Normas de Granada, un protocolo de valoración internacional. Según estas directrices, la camelia de 200 años alcanzaría los 150.000 €; el castaño de 700 años trasplantado de una mina romana, los 60.000 €; el rododendro centenario, unos 50.000 €; y los helechos de Tasmania, 2.000 €.
Más que romántico, Rivera se considera un "amante de la belleza". Esta joya labrada a lo largo de dos décadas es para él su "descanso del guerrero", la culminación de su vida profesional. "Lo estoy disfrutando mucho". Lo sabe su mujer, Rosa María Pardo, Queco, que fue la promotora del libro Nuestro jardín en Asturias (2011).
Antes de que caiga el chaparrón, los marqueses nos invitan a descubrir su tesoro. El recorrido, que dura unas tres horas a lo largo de 5 km, comienza junto a una clave del siglo XVIII de una iglesia en ruinas. Desde este punto se divisa una gran pirámide cubierta de hierba que sirve de referencia a los pescadores. Para Ovalle "nada es gratuito, todo tiene un sentido. La idea fue hacer espacios singulares dentro del jardín como si fueran las dependencias de una casa".
Rivera y el paisajista Rafael Ovalle conversan en uno de los espacios de este vergel.
Rivera y el paisajista Rafael Ovalle conversan en uno de los espacios de este vergel.
ITINERARIO. Antes de meterse a jardinero, José Rivera ejerció de anticuario como propietario de la casa de subastas Fortuny. En su espacio, arte y naturaleza van de la mano. Así, en el paseo de magnolios nos topamos con cuatro columnas del siglo XVIII, y al final de esa vereda, una capilla con una virgen irlandesa invita a la oración. "Nosotros venimos mucho al Mirador de la Virgen, desde donde contemplamos el pueblo... ¿Ves aquel cementerio? Allí está enterrado Severo Ochoa", indica Queco. Descendiendo por el paseo de los abedules, la marquesa nos anima a introducir la mano en el "hueco de los deseos". En un recodo del camino dormita un león gótico, y cerca de un estanque con nenúfares destaca una fuente portuguesa de mármol rojo. "Quiero cambiarla por otra del marqués de Pombal", dice el dueño mientras su mujer suspira resignada.
Por el camino, Ovalle va señalando las plantas más llamativas, como los helechos de los bosques de Tasmania o la Gunnera manicata de Brasil, con hojas de 2 m de diámetro. Se detiene en el paseo de las camelias, de 400 m, donde florecen desde la Alba plena a la Margherita coleoni. Este paseo es uno de los preferidos de José y Rosa, "pero como todos están hechos por nosotros, sería una injusticia no dedicarle un rato a cada uno", precisan. Casados en segundas nupcias, entre los dos suman 10 hijos y 25 nietos, algunos de los cuales se apellidan Entrecanales, Satrústegui y Domecq.
El recorrido acaba en la pirámide. Sentado en uno de los bancos, el propietario reflexiona sobre el futuro de su obra: "Estamos estudiando la forma de que el jardín se conserve, en nuestras manos o en las de otros". De momento, su paraíso no tiene precio.
Más info: Entrada gratuita. Tel. Reservas: 98 547 08 61.

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