jueves, 14 de junio de 2012

La epidemia química' alerta del efecto cóctel de las más de 100.000 sustancias tóxicas que nos rodea


La epidemia química' alerta del efecto cóctel de las más de 100.000 sustancias tóxicas que nos rodean 
Se trata de un libro de Carlos de Prada que explica que la contaminación química cotidiana está generando una importante crisis sanitaria
Fecha de la noticia 23/5/2012 / Fecha de alta en Natural 23/5/2012
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  El periodista ambiental y presidente del Fodesam (Fondo para la Defensa de la Salud Ambiental) Carlos de Prada acaba de presentar el libro ‘La epidemia química’. En él denuncia la falta de adecuados controles administrativos y legales sobre las sustancias químicas presentes en diversos cosméticos, limpiadores, ambientadores, alimentación, agua, etc, pese al riesgo que pueden suponer muchas de estas sustancias para la salud de la población, especialmente para los fetos y los niños. “Hay muchos contaminantes que tienen efectos, por ejemplo neurotóxicos o de alteración del equilibrio hormonal, y que podrían tener efectos sobre todo en los niños. Pueden ser metales pesados, como el mercurio o el plomo; pueden ser contaminantes como los ftalatos… Pero los límites legales de sustancias contaminantes se han hecho muchas veces pensando en adultos, no se han hecho pensando en embriones o niños. La infancia está en peligro, y no se está haciendo prácticamente nada, especialmente en países como España, para defender a los niños frente a esta amenaza”, advierte De Prada. “Tenemos muy asumida la higiene en cuanto a los microorganismos, y la gente limpia sus casas como si fueran quirófanos, pero no tenemos asumida la idea de la higiene química, y no somos conscientes de cómo están creciendo las enfermedades de origen ambiental”, explica el autor de ‘La epidemia química’. Este libro muestra la relación que millares de investigaciones científicas han establecido entre la contaminación química y una serie de problemas sanitarios que no paran de crecer en incidencia, como cánceres, alergias, asma, enfermedades autoinmunes, infertilidad, diabetes, sensibilidades químicas, etc. Según Carlos de Prada, “ya vimos algo similar con el amianto, con el plomo, con el tabaco. Durante décadas hubo constancia de daños muy serios y se produjeron infinidad de muertes, pero se relativizaron los daños y no se adoptaron medidas hasta mucho después”. Uno de los grandes problemas que trata esta obra es el “efecto cóctel” que pueden tener estos contaminantes en nuestros cuerpos. El hombre ha producido más de 100.000 sustancias químicas sintéticas en las últimas décadas, además de liberar grandes cantidades de otras sustancias que, siendo naturales, nunca habían estado presentes en la naturaleza en estas proporciones, como el mercurio o el plomo”. Según explica De Prada en su libro, estas sustancias se combinan entre sí y desencadenan nuevas reacciones químicas, lo que altera el equilibrio químico de la naturaleza y tiene un efecto nefasto para nuestra salud, muchas veces independientemente del grado de concentración de dichas sustancias. “Hay muchos estudios que están detectando efectos importantes a niveles de milmillonésimas de gramo de presencia de un contaminante. Es decir, que a niveles prácticamente indetectables se pueden producir efectos, incluso cuando esos niveles están por debajo de los límites legales. La cosa es mucho más seria de lo que parece”, insiste De Prada. El último capítulo del libro es precisamente un llamamiento a la acción. En él se proponen medidas como aumentar los fondos destinados a la investigación o primar el principio de precaución. “Las administraciones públicas deben tener mano dura con los contaminadores, y para eso hace falta presión social, para que las autoridades se atrevan a tomar medidas adecuadas frente a los intereses industriales particulares. Los ciudadanos no podemos tolerar esta permisividad, y el que contamina debe pagar los daños que produce así como verse obligado a dejar de producirlos. Exigimos que el Gobierno acometa una estrategia urgente seria para luchar contra la contaminación química y sus efectos sobre la salud y el medio ambiente. El contexto de crisis económica no puede servir de excusa para proseguir con el abandono de las políticas en este asunto que ha caracterizado la actuación oficial en los últimos tiempos. Antes al contrario, lo que proponemos aporta la forma más positiva de recortar en el gasto sanitario: prevenir enfermedades. Una parte importante de los problemas de salud que más nos castigan pueden deberse, a veces en un porcentaje notable, a la contaminación química. Es lo que dicen miles de investigaciones científicas. El cáncer, la infertilidad, los problemas inmunológicos, etc. pueden prevenirse muchas veces

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