domingo, 18 de septiembre de 2011

DEMASIADOS ANTIBIÓTICOS EN LOS ANIMALES




Demasiados antibióticos en los animales








El uso de antibióticos en la ganadería disminuyó un 12,8% entre 2007 y 2008, según muestra un informe realizado por el “Belgian Antibiotic Policy Coordinating Committee (BAPCOC)”, una comisión especializada en la utilización de antibióticos en la ganadería belga. Sin embargo, este consumo volvió a aumentar un 1,8% entre 2008 y 2009. Según los expertos de la comisión, el uso de antibióticos en la ganadería sigue siendo muy elevado en toda Europa. Los tipos de antibióticos más utilizados en la ganadería industrial son las sulfonamidas, las trimetoprimas, tetraciclínas y penicilinas. Estos antibióticos, que se administran de forma habitual a los animales, tienen hoy en día importantes consecuencias sobre la salud pública y amenazan con ser un verdadero riesgo para la salud pública mundial en el futuro.




Cada año, los ganaderos europeos producen 8 millones de toneladas de carne vacuna para el consumo. En 2008, este sector sobrepasaba los LMR (límite máximo de residuos que permite la ley) en especial debido a la presencia en los productos cárnicos de antobióticos, fungicidas, antiparasitarios y esteroides (hormonas). Además, en los análisis se detectaron varias sustancias prohibidas así como considerables cantidades de residuos de fármacos antiparasitarios.
En el caso de la carne de ave, los resultados eran similares: para responder a una demanda de carne de ave barata, los pollos se crían con métodos intensivos en granjas en las que se les administra tratamientos preventivos para evitar infecciones a base de antibióticos. Como resultado de estos tratamientos, las aves acaban infectadas por bacterias resistentes a cualquier tipo de antibiótico, resistencia que puede transmitirse a los seres humanos. Una vez este tipo de bacterias llegan al ser humano, pueden transmitir esta resistencia a otro tipo de bacterias típicamente humanas, hecho que dificulta enormemente los tratamientos. Más de un 58% de los pollos para asar contienen bacterias resistentes al menos a cuatro tipos de antibióticos, según confirma una tesis doctoral en medicina veterinaria presentada en enero de 2011 en la universidad belga de Gante. Dicha tesis estudiaba la evolución de las aves de 24 granjas, que habían sido tratadas con antibióticos, y demostraba que “en más de la mitad de los pollos analizados, varios tipos de antibióticos no tienen ningún efecto sobre la bacteria E-coli”.Si bien normalmente se llevan a cabo estrictos controles antes de que las aves lleguen al matadero, es importante saber que, para que la carne del mercado no contenga ninguna bacteria, es necesario respetar un espacio de tiempo suficiente entre la toma de antibióticos y el sacrificio de los animales. También es importante saber que las bacterias que desarrollan una resistencia a los antibióticos son sensibles al calor. Es decir, en principio, una carne bien hecha no debería suponer un riesgo. Sin embargo, la carne de pollo cruda puede contaminar a las verduras que entran en contacto con la bacteria a través de las manos o de los cubiertos. Esto ocurre si, por ejemplo, se trocea un pollo en una tabla en la que acto seguido se pelan o cortan verduras. En el recientemente celebrado forum mundial sobre infecciones nocosomiales se denunció el abuso en la utilización de antibióticos en la ganadería, catalogándolo como riesgo sanitario para el hombre.




Asimismo, se señalaba la “inercia de los poderes públicos y los productores frente a un riesgo sanitario que se extiende por todo el mundo”.
Según Didier Pittet, director del «Centro de colaboración de la Organización Mundial de la Salud” (OMS), “en la cría de animales, hoy en día la utilización de antibióticos es una rutina. Más de la mitad de la producción mundial de estos medicamentos se destina a los animales y esta prescripción es excesiva e inapropiada. Las desfavorables condiciones de higiene y la exclusiva búsqueda de rentabilidad obligan a los ganaderos a tratar sin distinción a los animales enfermos y a los que no sufren ninguna infección”.Según Jan Kluytmans, profesor del centro médico de la universidad de Ámsterdam y especialista en la cuestión, “el asunto es muy grave: los antibióticos se añaden a los alimentos para acelerar el crecimiento de los animales. Estas prácticas propician la propagación de bacterias resistentes”. Un estudio realizado en los Países Bajos demuestra que más del 90% de las muestras de pollo vendido al detall estaba contaminado por bacterias responsables de infecciones urinarias o septicemias resistentes a los antibióticos clásicos. Dicho estudio insiste en el carácter de urgencia del asunto: es imprescindible actuar de forma rápida para detener el proceso. “En los próximos diez años no se fabricará ningún antibiótico nuevo. Si las bacterias resistentes a los actuales medicamentos continúan su proliferación, cada vez resultará más complicado curar a las personas afectadas”. El pasado 11 de mayo, los diputados europeos reclamaron una drástica reducción del uso de antibióticos en los animales destinados a la alimentación y exigieron rigurosas investigaciones sobre los riesgos para la salud humana. De cumplirse estas exigencias, se debería modificar de forma drástica el actual modelo de producción ganadera.





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