domingo, 14 de agosto de 2011

VEGETERIANISMO




Vegetarianismo
La palabra vegetariano, acuñada por los fundadores de la Asociación Vegetariana Británica en 1842, procede de la palabra latina vegetus, que significa "completo, sano, fresco o vivaz". Por ejemplo, homo vegetus significa una persona vigorosa, física y mentalmente. El significado original de la palabra implica un equilibrado sentido filosófico y moral de vida, que va más allá de una mera dieta de verduras y frutas.
La mayoría de los vegetarianos son personas que han comprendido que, para contribuir a una sociedad más pacífica, primero debemos resolver el problema de la violencia en nuestros propios corazones. Por lo tanto, no es sorprendente que miles de personas, procedentes de diferentes senderos de la vida, en búsqueda de la verdad, se hayan convertido en vegetarianos. El vegetarianismo es un paso esencial en pos de una sociedad mejor, y aquellos que analicen sus ventajas, estarán junto a pensadores como Pitágoras, Sócrates, Platón, Clemente de Alejandría, Plutarco, el rey Asoka, Leonardo da Vinci, Montaigne, Akbar, John Milton, Sir Isaac Newton, Emanuel Swedenburg, Voltaire, Benjamín Franklin, Jean Jacques Rousseau, Henry David Thoreau, León Tolstoi, George Bernard Shaw, Mahatma Gandhi, alberto Schweitezr y Albert Einstein.
Ventajas de ser vegetariano
SALUD Y NUTRICIÓN
¿Se puede mejorar o restablecer la salud mediante una dieta vegetariana? ¿Puede prevenir ciertas enfermedades?
Los defensores del vegetarianismo han respondido afirmativamente desde hace muchos años, aunque no contaron con ningún apoyo de la ciencia moderna hasta recientemente. En la actualidad, los investigadores médicos han descubierto una evidente conexión entre el consumo de carne y enfermedades mortales como las del corazón y el cáncer; por ello, están reconsiderando el vegetarianismo.
Los científicos han sospechado, desde 1960, que una dieta basada en la carne está, de alguna forma, relacionada con el desarrollo de la arteriosclerosis y las enfermedades del corazón. Ya en 1961, se expuso: "Entre un 90 y un 97 % de las enfermedades del corazón podrían prevenirse con una dieta vegetariana". Desde aquella afirmación y hasta la fecha, varios estudios organizados han demostrado científicamente que, después del tabaco y el alcohol, el consumo de carne es la causa de mayor mortalidad en Europa occidental, Estados Unidos, Australia y otras regiones ricas del mundo.
El cuerpo humano no es capaz de asimilar grandes cantidades de grasa animal ni de colesterol Cuando una persona consume más cantidad de colesterol de la que necesita su cuerpo (lo que ocurre normalmente en una dieta basada en carne), el colesterol sobrante se convierte gradualmente en un problema. Se acumula en las paredes internas de las arterias, disminuyendo el flujo de sangre que llega al corazón, y puede ocasionar subida de presión sanguínea, cardiopatía y los subsecuentes infartos.
Por otro lado, se ha demostrado que las proteínas vegetales pueden ayudar al mantenimiento de un nivel bajo del colesterol. Las personas que padecen de altos niveles de colesterol junto con afecciones cardíacas, pueden beneficiarse de una dieta en la que las proteínas provengan sólo de vegetales.
¿Y el cáncer? Investigaciones hechas en los últimos treinta años insinúan claramente una relación entre el consumo de carne y los cánceres de colon, recto, pecho y útero. Estos tipos de cáncer raramente se encuentran en aquellos que consumen poco o nada de carne, como los japoneses y los indios, pero son muy corrientes entre las poblaciones que la consumen.
¿Por qué parece ser que los consumidores de carne son más propensos a estas enfermedades? Una razón aportada por biólogos y nutricionistas es que el intestino humano, simplemente, no es adecuado para digerir carne. Los animales carnívoros poseen intestinos cortos (tres veces la longitud del cuerpo del animal), lo que facilita la eliminación rápida de las toxinas de la putrefacción. Dado que la comida de origen vegetal se pudre más lentamente que la carne, los consumidores de plantas tienen intestinos que son, al menos, seis veces la longitud de su cuerpo. El hombre tiene el paquete intestinal largo de un herbívoro, de manera que, si come carne, los riñones pueden sobrecargarse de toxinas, lo cual puede ocasionar la gota, la artritis, el reumatismo e incluso el cáncer.
Aparte, están los productos químicos que se añaden a las carnes. Desde el momento en que el animal es sacrificado, su carne comienza a corromperse y, al cabo de unos días, toma un color verde-grisáceo nauseabundo. La industria cárnica disfraza esta decoloración añadiendo nitritos, nitratos y otros conservantes, que devuelven a la carne su brillante color rojo. Pero recientes investigaciones han demostrado que muchos de estos conservantes son cancerígenos. Y lo que empeora el problema todavía más es la masiva cantidad de productos químicos que se añaden a la alimentación del ganado.
Aunque algunos historiadores y antropólogos dicen que el hombre es históricamente omnívoro, nuestro sistema anatómico -dientes, mandíbulas y aparato digestivo- invita a una dieta sin carne. La asociación dietética Americana señala que la mayoría del género humano, durante la mayor parte de la historia del hombre, ha vivido de dietas parcial o totalmente vegetarianas.
Y gran parte de la humanidad continúa viviendo así. Incluso en la mayoría de los países industrializados, la gran explosión de la carne no empezó hasta hace menos de cien años; comenzó con el camión frigorífico y con la sociedad consumista del siglo XX. A finales del siglo XIX, el promedio de consumo de carne por persona, en España, era de 15 Kg; en 1985 de 72 Kg, lo que supone un aumento de casi un 500%.
Pero aún en el siglo XXI, el cuerpo humano no se ha adaptado plenamente al consumo de carne. El prominente científico sueco Karl von Linne expone: "La estrutra externa e interna del hombre, comparada con la de los demás animales, muestra que su alimento natural son los suculentos vegetales y las frutas".
Para obtener 45 g de proteínas diarias en su dieta, no es necesario que coma carne; puede conseguirlas de una dieta cien por cien vegetariana de cereales, lentejas, frutos secos, hortalizas y frutas.
Productos lácteos, cereales, legumbres y frutos secos son fuentes concentradas de proteínas. El queso, los cacahuetes y las lentejas, por ejemplo, tienen más proteínas por gramo que una hamburguesa o un filete de cerdo o ternera. Aún así, expertos en nutrición pensaban, hasta hace poco, que sólo la carne, el pescado, los huevos y los productos lácteos contenían las proteínas completas con los ocho aminoácidos que el cuerpo no produce, y que todas las proteínas de origen vegetal eran incompletas al faltarles uno, o más, de estos aminoácidos. Pero investigaciones hechas han demostrado que la mayoría de las hortalizas, frutas, legumbres, frutos secos y cereales son excelentes fuentes de proteínas completas. De hecho, sus proteínas son más fáciles de asimiliar que las de la carne, y no aportan ninguna toxina. Es casi imposible, pues, tener escasez de proteínas comiendo suficientes alimentos naturales sin refinar. Los vegetarianos simplemente las toman directamente en vez de obtenerlas de segunda mano, de los animales herbívoros.
ECONOMÍA
La carne alimenta a unos pocos a expensas de muchos. Debido a la producción de carne, gran cantidad de cereales, que se podrían destinar al consumo humano, son destinados al ganado. Según la información recopilada por el Departamento de Agricultura de EE.UU, más del 90% del grano producido en América es para ganado que al final acaba en una mesa.
El sistema de producir carne utilizando cereales y legumbres es muy ruinoso. Según cifras recogidas por el Departamento de Agricultura de los EE.UU, se demuestra que por cada 16 kilos de cereales y legumbres dadas al ganado, sólo se obtiene 1 kilo de carne.
En los países subdesarrollados, una persona consume un promedio de 180 kilos de cereal por año, la mayoría consumido directamente. Comparativamente, el promedio en América o en Europa, asciende a 900 kilos por año, utilizando el 90% de esa cantidad en alimentar ganado para la carne. El consumidor de carne medio de Europa o Norteamérica, consume los recursos alimentarios del colombiano, del indio o del nigeriano medios, multiplicados por cinco.
Hechos como los narrados han inducido a expertos en alimentación a señalar que el problema mundial del hambre es artificial. En la actualidad, estamos produciendo alimentos más que suficientes para todo el planeta, pero están siendo mal distribuidos y despilfarrados.
Otro de los precios que pagamos por consumir carne, es la degradación del medio ambiente. Los vertidos y las alcantarillas contaminadas de los mataderos y las granjas industriales son causas importantes de contaminación de ríos y arroyos. Es cada vez más obvio que los recursos de agua potable de este planeta no sólo se están contaminando, sino que también están agotándose, y la industria cárnica es particularmente perjudicial al respecto.
VALORES ÉTICOS
A la hora de hacerse vegetariano, las razones éticas son consideradas por muchas personas, como las más importantes. El vegetarianismo ético comienza al saber que las demás criaturas sienten y que sus sentimientos son similares a los nuestros. Este saber anima a que ampliemos nuestra visión y seamos, también, conscientes del sufrimiento de los demás.
No existe el matadero humanitario. Toda la vida de un animal de engorde cautivo es innatural, pasando por el amamantado artificial, la castración y/o estimulación mediante hormonas, la alimentación con una dieta anormal para cebarlo y, en su momento, interminables e incómodos viajes hasta el último final. Las jaulas, los aguijones eléctricos y el retorcimiento de los rabos, el temor y el miedo, todas estas cosas, son parte de la cría, el transporte y la matanza modernas. Aceptar todas estas cosas y sólo preocuparse de la insensible brutalidad de los últimos segundos de la vida del animal, es falsear la palabra humanitario.
La verdad de la matanza de animales no es placentera; los mataderos industriales parecen visiones del infierno. Animales bramando a los que se les calla a golpe de maza, descargas eléctricas, o armas de aire comprimido. Después se los cuelga por las patas, y así, se los conduce a través de las factoría de la muerte mediante sistemas de arrastre mecanizados. Todavía con vida se les corta el cuello y se rajan sus entrañas desangrándolos hasta que mueren. La mutilación y la matanza que se aplica a los animales de granja quedan excluídas de las normas que rigen el bienestar de las mascotas domésticas e incluso de las cobayas de laboratorio.
Muchos adoptarían el vegetarianismo, sin dudar, si visitaran un matadero o si ellos mismos tuvieran que matar los animales que comen. Esas visitas deberían ser obligatorias para todo consumidor de carne.
En algunos lugares del sur de Europa y América Latina, los gobiernos perpetúan el acto horroroso del trato brutal de los toros en público, trato brutal que en algunos países llega hasta la muerte. En España, donde se originó y es ampliamente aceptada esta actividad, se matan, en público, más de 6000 toros cada año. De acuerdo a la cultura védica, al toro se le considera el padre de la sociedad humana, pues ayuda a labrar los campos y producir cereales. Por eso se le proteje plenamente. En la actualidad, en España, que es también eminentemente agrícola, el gobierno permite el abyecto asesinato de su "padre", como si de un espectáculo se tratara. Incluso en las escrituras cristianas, que tantos católicos en España siguen, está escrito, en Isaías 66.3: "El que mata un buey es igual que el que mata a un hombre"
Al toro a veces se le prepara para la última lucha, se le pone estopa en las narices y garganta para dificultar su respiración, le dejan caer tablas y los golpean con sacos de arena hasta agotarlo. Va en la corrido el picador, le corta los músculos del cuello para que no pueda defenderse. Sólo cuando el toro ha perdido mucha sangre... se atreve el "matador" a mostrar su arte.
Las personas de sensibilidad deben pronunciarse y acabar, de una vez por todas, con esa brutalidad ignorante. Como en una ocasión dijo Félix Rodríguez de la Fuente: "El hombre es la única criatura que mata por gusto, por placer, y esto es absolutamente asombroso".
¿Pueden los españoles y las gentes de otros países, permitir que reine tal brutalidad? Según palabras de Mahatma Gandhi: "La grandeza de una nación y su progreso moral pueden medirse por el trato que reciben sus animales".
Pitágoras, famoso por sus aportaciones a la Geometría y a las Matemáticas, dijo: "No corrompais vuestros cuerpos con alimentos hechos de pescado. Tenemos maíz, manzanas que con su peso agachan las ramas, y racimos de uva dorándose en las cepas. Tenemos hierbas de dulce aroma y hortalizas que pueden ser cocidas y ablandadas al fuego; no olvidéis la leche ni la miel perfumada de tomillo. La tierra es pródiga en riquezas, bajo la forma de alimentos inocentes, y nos ofrece festines que no precisan derramamiento de sangre ni matanza; únicamente los animales satisfacen su hambre con carne, y no todos los animales, pues la vaca, el caballo y las ovejas viven de la hierba".
El ser humano no tiene éticamente hablando, ningún derecho a terminar, de un modo artificial, la vida de criatura alguna.
RELIGIÓN
Todas las escrituras de las principales religiones prohiben al hombre que mate innecesariamente. El Antiguo Testamento advierte: "No matarás" (Éxodo 20:13). Tradicionalmente esto se mal interpreta, argumentando que se refiere sólo al asesinato. Pero el hebreo original es "lo tirtzach", que, calramente, se traduce por "No matarás". El diccionario completo inglés/hebreo dice que la palabra tirtzach, tal como se emplea en el hebreo clásico, se refiere a cualquier tipo de matanza, y no únicamente al homicidio.
Aunque el Antiguo Testamento contiene algunos preceptos que permiten comer carne, deja bien claro que la situación ideal es el vegetarianismo. En el Génesis (1:29) Dios mismo proclama: "He aquí que os he dado toda planta que da semilla, que está sobre la faz de la tierra, y todo árbol en que hay fruto y que da semilla; os serán para comer".

Para muchos cristianos el mayor impedimento a la hora de entender la condena de la carne reside en la creencia de que Cristo comía carne, y en las muchas referencias a la carne que se dan en algunas traduccciones del Nuevo Testamento. Pero estudios más profundos de los manuscritos originales griegos demuestran que la mayoría de las palabras traducidas por carne son trophe, brome, y otras palabras que simplemente significan comida o alimento en un sentido más amplio. Por ejemplo, en el Evangelio de San Lucas (8:55) leemos que Jesús resucitó a una mujer y ordenó que se le diera carne. La palabra griega original traducida como carne es phago que significa simplemente comer. La palabra griega para carne, Kreas, nunca fue usada en relación con Cristo. En ninguna parte del Nuevo Testamento hay una referencia directa de Cristo comiendo carne. Esto concuerda con la famosa profecía de Isaías sobre la aparición de Jesús: "He aquí que la Virgen concebirá, y dará a luz un hijo y llamará su nombre Emmanuel. Comerá mantequilla y miel, hasta que sepa desechar lo malo y escoger lo bueno".
En el libro "Así habló Mahoma", los discípulos del profeta Mahoma le preguntaron: "¿En verdad, existen recompensas por hacer el bien a los cuadrúpedos y darle agua para beber?" Mahoma les contesto: "Hay recompensa para el que beneficia a cualquier animal".
Buda instauró el ahimsa (no violencia) y el vegetarianismo como los dos pasos fundamentales del camino hacia el conocimiento del yo. Y las escrituras védicas de la India, anteriores al budismo, subrayan también la importancia de la no violencia, declarándola la base ética del vegetarianismo.

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