jueves, 14 de julio de 2011

PIENSA POR TI MISMO QUE ES LO QUE NO QUIEREN.



Dogmas académicos. Freno evolutivo
Publicado el 4 julio, 2011 por Ciencia y Espiritu
Casi todos los académicos, científicos y “Especialistas” son víctimas, en las “Ciencias” de las que son expertos, de su lema “Lo que yo no se, no existe”.
Es interesante reflexionar sobre qué significa ser “Especialista”, término al que nos referimos como a “alguien que sabe casi todo de casi nada y casi nada de casi todo”. Y entre puros especialistas, no quieren saber nada los unos de los otros, cuidando con tanto celo sus parcelas, que muy a menudo investigan lo mismo que otros colegas en el mismo instante y en la habitación contigua.
Todo está relacionado con todo y por tanto, una visión generalista de distintas “Ciencias”, condiciona una apertura de creatividad que permitirá un avance, nada desdeñable, en la investigación y en la evolución humanas. Así, podemos relacionar la física con la astronomía; ésta con las matemáticas; ésta con la aeronáutica; ésta con la ingeniería de materiales; ésta con la química; ésta con la nutrición; ésta con la medicina…. y todas ellas entre sí, porque siempre habrá algún tipo de vínculo e interconexión.
En las universidades, los catedráticos enseñan sus “verdades” bajo los paradigmas, dogmas científicos e incluso mitos folklóricos que a ellos les enseñaron, perpetuando de este modo, generación tras generación, la misma fórmula. Podemos decir por tanto, que el sistema de educación es un sistema de adoctrinamiento, una temprana forma de control mental, que moldea nuestra conciencia como si se tratara de un animal o un autómata.

Los alumnos son obligados a memorizar para luego repetir. Se nos enseña a NO pensar y a memorizar fórmulas desconectadas entre si, sin saber cómo llegar a ellas. No se promueve la sinergia entre especialidades, ni la combinación e interconexión de ideas. El lema que siempre se ha usado para controlar a las grandes masas de población es “divide y reinarás”. Nos hacen adquirir el conocimiento de una forma compartimentada, llegando el nivel de la especialización a los límites más absurdos. Si alguien de una especialidad distinta se permite aportar una opinión, se le desacredita por no poseer de un título, de un documento que justifique que ha sido adoctrinado en esa especialidad. Así, un médico, al recibir una opinión médica de alguien ajeno a la medicina, lo subestimará y sonreirá para sus adentros sin prestarle atención, al igual que ocurrirá con psicólogos, ingenieros, arquitectos o cualquier otro facultativo. De esta forma de proceder, trata un film llamado “el aceite de la vida”, basado en un caso real, donde el hijo de un matrimonio es víctima de una enfermedad degenerativa incurable, la cual, por los pocos casos que se dan, no interesa investigar. La pareja se obsesiona hasta tal punto que abandonan sus respectivos trabajos y careciendo de conocimientos en medicina, investigan día y noche hasta hallar un aceite que logra detener la enfermedad.

Cuando estudiamos, es tanta la materia absurda que nos hacen deglutir, que no dejan tiempo material para poderse cuestionar si es o no verdadero y razonable todo lo que nos fuerzan a memorizar. Especialmente en los estudios universitarios, se hace patente que se instruye en mucha información completamente inútil, actuando de relleno, omitiendo inculcar nobles valores humanos, éticos, morales, espirituales y de autoestima con los que convertirse en personas humanas con conciencia. Por tanto, se fundan de este modo unos cimientos, que tanto si son correctos como falaces, acabarán formando parte del bagaje del licenciado y sobre estos conocimientos incuestionados es sobre los que se erigirá el progreso y el futuro de la nueva ciencia. También sobre esa base se perpetuará el crimen, ya que será la cantera de los nuevos profesores. El sistema, una vez aceitado, se auto perpetúa inexorablemente sin mayor revisión. Los maestros pasan por el sistema de adoctrinamiento para ser programados, entrando luego a escuelas y universidades para adoctrinar a la siguiente generación, programando a los estudiantes en un ciclo sin fin. Si un profesor trata de cambiar esta realidad, inmediatamente pierde su trabajo.
Tal vez, uno de los casos más flagrantes de terrorismo académico son los laboratorios farmacéuticos, los cuales aportan a la sociedad, tanto la mercancía comercializada como sus ensayos, estudios y prospectos, sin apenas ser cuestionado por ninguna entidad independiente y en muchos casos con la ayuda gubernamental a través de sus grupos de presión y de su gente infiltrada en los estamentos públicos. Como reza la frase “él se lo guisa, él se lo come”. Y lo que adoctrinan los grandes laboratorios es lo que engrosa esa fuente, esos cimientos de lo que se enseñará a nuestros jóvenes farmacéuticos y médicos, los cuales gozan de indudable crédito y respeto por sus “conocimientos” ante la sociedad, olvidándonos incluso de que son especialistas en las enfermedades y no en la salud, algo que algunos profesionales concienciados ya empiezan a cambiar.
Si además pensamos en el tiempo libre del que dispone la población para dedicarlo a pensar, cuestionar dogmas e investigar por si mismos su veracidad, nos daremos cuenta de que es inexistente, ya que el ser humano, vive relativamente poco.

Pensemos en la edad en la que un joven médico termina su licenciatura y se incorpora a la sociedad laboral. Pongamos los casi 30 años, que es cuando empieza realmente a aplicar sus conocimientos. A los 35 años tiene un bagaje suficiente como para adentrarse en terrenos nuevos y desconocidos para sus conocimientos. Pero no hay que olvidar que a esa edad, puede empezar a presionar el reloj biológico, si es que no lo hizo antes y decide tener hijos para evitar que “se le pase el arroz”. La educación y cuidado de los niños supone tiempo. A eso sumémosle que la familia y los amigos también exigen de tiempo (más si se trata de un grupo cerrado, bien cohesionado y muy intercomunicado), que se traduce en los fines de semana y algunas tarde/noches. Si la jornada laboral se dedica a tareas orientadas completamente al rendimiento monetario o dicho de otro modo, a la supervivencia económico-familiar, ¿cuando tiempo le queda para investigar, aprender y educarse en materias que no le impliquen un beneficio económico directo?. Por si esto fuera poco, los medios de comunicación intentan ocupar nuestro mínimo tiempo de ocio con fútbol a todas horas, telenovelas, concursos, debates enfocados a enfrentamientos sobre banalidades y con noticias desinformativas, alejadas de la realidad y repetitivas. Recuerdo una noticia en la que, en tono de alarma, se decía que a, consecuencia de la deriva de las placas continentales, el continente americano se partiría en dos y eso podría ocurrir en, solamente, 50.000 años. La pregunta sería ¿A alguien le importa realmente esa noticia de tono alarmista? y ¿alguien espera vivir una cincuenta millonésima parte de esos años?. La noticia se siguió extendiendo durante días, al igual que hizo en su momento aquella que decía que de aquí a siete mil millones de años el sol engulliría a la Tierra y por tanto, debíamos estudiar modos de poder migrar a otros planetas. Terrible!!!
Todos somos conscientes de que el tiempo de exposición a la basura en medios de comunicación aumenta exponencialmente y a pesar de ello, seguimos consumiéndola. También la gente toma conciencia y se llena la boca conversando acerca del decreciente nivel de estudios, enseñándose cada vez más tarde lo que se considera básico e importante y que la especialización cada vez nos hace menos capaces de opinión y más autómatas dentro de la cadena de montaje de la sociedad.
A los 50 años empieza a disminuir drásticamente la capacidad de imaginación y creatividad, así como la energía para luchar contra el credo común, energía que además han mitigado mediante la introducción de Flúor en el agua que bebemos, aditivos a las plantas y animales que comemos, medicamentos y drogas varias a los que nos hacen adictos y vacunas que nos obligan y coaccionan a administrar desde niños. La suma de todos estos factores, que no son pocos, ocasionan que terminemos aceptando de forma sumisa que lo recibido en nuestra educación es la realidad y por tanto, lo que habrá que transmitir a la próxima generación.

Un ejemplo aún más aplastante de dogma académico es la cátedra de Egiptología. ¿Quiénes fundaron los primeros estudios y aportaron esos conocimientos iniciales sobre los que se basa esa “Ciencia” histórica?. Exploradores, a menudo sin conocimientos de historia, pertenecientes a familias ricas que, huyendo de las vicisitudes de su estatus, decidieron aventurarse en la búsqueda de tesoros. Casos como el del coronel británico Richard W. Howard Vyse, quien tras años de elevado gasto de la fortuna familiar en excavaciones infructuosas sin obtener beneficio alguno, tenía que satisfacer su ego y demostrar que su decisión aventurera contribuía finalmente a engrosar de algún modo el status y fortuna familiar, ya fuera en forma de fama, dinero o cualquier otra ganancia cuantificable. Carente de todo escrúpulo, se abrió camino con dinamita en la pirámide de Micerinos y en la de Keops, grabando luego falsas inscripciones jeroglíficas dentro de la gran pirámide, alegando de este modo que había descubierto la tumba del famoso faraón Koffu o Keops. Muchos años después se descubrió el engaño gracias a un mejor conocimiento de la escritura egipcia, al percatarse de las graves faltas ortográficas cometidas con glifos que el explorador tomó prestados del templo del faraón Koffu, cercano a la pirámide y de época mucho más tardía. Estos personajes fueron los que, haciendo acopio de su audaz imaginación, crearon mitos como el de que los egipcios creían en el ascenso del alma del faraón desde la pirámide hasta el ojo de Ra, que los esperaba en el cielo. Y así, toda la liturgia creada en relación a los enterramientos más famosos de la historia.
La fórmula aplicable al sistema educativo es: “Dogmas científicos + Corrupción = Terrorismo Académico y Científico”

Lejos de calificar toda esta tesis como una teoría más de la Conspiración, palabra que causa espanto, indignación, escandalosa huída como si de blasfemia se tratara y una risotada que nos han enseñado a interpretar delante de cualquier interlocutor para que no se nos tome por locos al mostrar que podemos llegar a cuestionarnos esa realidad, lo que solemos preguntarnos es el “motivo” que lleva a imponer este cúmulo de técnicas de desinformación, de elusión y de substitución de la realidad por una impostura en la que nos obligan a vivir. Amansar y estupidecer a la población es sin lugar a dudas la mejor fórmula para que continúe y se amplíe el control del establishment y mantenimiento del poder que se impone cada vez más en una sociedad de globalización creciente. Todos vemos como aumenta el número de pobres y disminuye a su vez el número de ricos aunque, sorprendentemente, los muy ricos cada vez amasan mayores fortunas a pesar de la crisis. Una gran pirámide donde los centros de poder, lejos de estar más compartidos como nos quieren hacer creer, están cada vez más focalizados y fortificados, tirando de los hilos cada vez menos personas en la cúspide de la pirámide de control mundial.
Destapar tanto engaño no resulta fácil, ya que es condición que se perpetúa durante miles de años. Se conocía perfectamente la redondez de la tierra cuando se decidió adoctrinar sobre la idea de que la tierra era plana. Cuando abandonaron esa doctrina fue como consecuencia de no poder continuar por más tiempo con ella, por ser demasiado evidente el engaño en determinado momento de la evolución humana.
Hoy en día, arrastramos adoctrinamientos tan o más falsos que la teoría de que la tierra es plana, pero algo repetido y reiterado hasta la saciedad, enseñado desde los primeros estadios de la tierna y dúctil infancia y sin alternativas que lleguen fácilmente a oídos de todos los públicos, perpetúa el seguir viviendo en la oscuridad.
El consejo más razonable que puede darse es que toda ciencia o especialidad debe utilizarse como un referente y jamás como un dogma irrefutable.
Solo la ambición y el entusiasmo por llegar al conocimiento de la verdad, tomándose la molestia de escuchar todos los argumentos y puntos de vista, por ambiguos, descabellados y extremistas que en determinado momento pudieran parecer, nos permitirá valorar y sopesar todo en su justa medida, discriminando mejor lo real de lo falaz. Tomemos en consideración todas las explicaciones y demostremos que la inteligencia sigue latente en el ser humano.
Fuente: http://grupodigit.blogspot.com/

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