jueves, 31 de marzo de 2011

La M-501 no es la Amazonia, pero el resultado es el mismo


La sentencia del Tribunal Supremo que obliga a la Comunidad de Madrid a reparar los daños ambientales causados por el desdoblamiento de 18 kilómetros de la carretera M-501, llamada “de los pantanos” me provoca la reflexión de la impunidad de hecho en que quedan muchos atentados ambientales aquí y allá gracias al tiempo y a la Justicia, como si tuviéramos toda la eternidad para detener nuestra propia autodestrucción.

En el caso de la M-501, Santiago Martín Barajas, portavoz de Ecologistas en Acción, promotora de la demanda contra los responsables políticos del desdoblamiento dañino –Enrique Granados, María Dolores de Cospedal y Elvira Rodríguez, a la sazón miembros del Gobierno de Esperanza Aguirre– ya destacó cuando conoció la sentencia que veía muy difícil por no decir imposible restaurar el entorno natural destruido por la carretera. La Fundación Equo hace causa común con Ecologistas en Acción apoyando, pocos días después, la iniciativa de una querella por prevaricación contra aquellos altos cargos madrileños que dieron los pasos políticos necesarios para que la carretera se desdoblara sin tener Declaración de Impacto Ambiental ni conformidad de la Unión Europea, pues discurre por zona protegida (ZEPA). El asunto es que, aquí y allá, las estrategias oficiales y de los grandes depredadores del Medio Ambiente pasan por aprovechar la lentitud de la maquinaria de la Justicia para llegar a hechos consumados y/o de casi imposible reversión, como es el caso que nos ha ocupado hasta aquí. Es significativo que Ecologistas en Acción viera retrasada su lucha judicial por la M-501 porque no consiguió reunir los 499.000 euros de fianza que exigió un juez TSJM para ejecutar la sentencia favorable a parar el desdoblamiento en 2008. Por eso tuvieron que ir al Supremo que, tres años más tarde, les da definitivamente la razón. Aún nos podemos considerar afortunados con esa finalmente derrotada táctica dilatoria si miramos a la terrible contaminación de la selva ecuatoriana por la que, pocos días antes de que el Supremo español fallara, un juez de Nueva Loja condenó a la Chevron-Texaco a reparar con más de ocho mil millones de dólares los daños causados por el llamado “Chernobyl de la Amazonia”…., después de 17 años de pleito. Así que, aunque no sirva de consuelo, nada comparable lo de la M-501 con ese pleito iniciado en 1993 por las asociaciones indígenas ecuatorianas porque la petrolera Chevron de entonces, ahora Texaco, vertió en superficie millones de litros de químicos tóxicos y carcinógenos en vez de reinyectar en el subsuelo las aguas contaminadas resultantes de sus prospecciones durante veintiséis años, de 1964 a 1990. Han hecho falta otros diecisiete años, casi dieciocho, de 1993 hasta ahora, para conseguir una sentencia con derecho a apelación. En ambos casos, el ecuatoriano y el madrileño, los daños pueden ser considerados irreparables. Como siempre resulta cuando la perjudicada es la naturaleza. Cuando se escuchan algunas opiniones, pareciera que el tiempo jugara a favor del planeta y no en contra.

No hay comentarios:

Publicar un comentario