martes, 22 de marzo de 2011

SE CELEBRA HOY EL DÍA DEL AGUA


Agua, Tierra, Aire enfrentan al hombre DECENAS DE CONFLICTOS BÉLICOS ACTUALES

No hace mucho tiempo que muchos creían que la búsqueda del aire limpio, el agua limpia y los bosques saludables era una meta meritoria, que no constituía una parte de nuestra seguridad nacional. “Hoy en día, las cuestiones ambientales son parte de la corriente central de la política exterior estadounidense”, declaró en el “Día de la Tierra” Madeleine Albright, secretaria de Estado de los EEUU.
Ese mismo día, Al Gore, vicepresidente de EEUU, remachó la frase: “el futuro de nuestros hijos está vinculado inextricablemente a nuestra habilidad para administrar hoy el aire, el agua y la vida silvestre”.
Está claro. Para EEUU, la cuestión ambiental ha pasado a ser clave en su seguridad. La mayor potencia militar del planeta ha advertido que está dispuesta a intervenir, incluso bélicamente, por estas causas. De hecho, ya ha intervenido económicamente por estos motivos. Y a punto estuvo de movilizar su VI Flota en el Mediterráneo el verano pasado contra los 600 barcos pesqueros italianos que faenaban con redes a la deriva -prohibidas- en aguas internacionales. Italia actuó a tiempo y EEUU no hizo nada.
Agua
Todos los expertos mundiales opinan que las guerras del futuro tendrán como fondo básicamente motivos ambientales, especialmente los vinculados al agua dulce. Desde el Informe Burtland de 1972 a la Academia Americana de las Artes y las Ciencias, así se asegura. Un reciente informe del Centro de Investigación para la Paz, firmado por la investigadora Irene Fernández, recoge todas estas teorías, que ya son realidad en ciertos casos.
“Los conflictos violentos causados por la escasez de recursos suelen ser persistentes, difusos y subnacionales. Durante las próximas décadas, serán cada vez más frecuentes en los países en desarrollo, sobre todo los que tengan como origen el agua dulce, la pesca, los bosques y la tierra cultivable” asegura Fernández como resumen de más de media docena de estudios de rigurosos institutos.
El 70% de la superficie del planeta es agua. Pero, de ella, el 97% es salada y sólo el 3% es dulce. El consumo mundial para la agricultura se ha multiplicado por 10 en este siglo. Más de 1.000 millones de personas no tienen acceso a agua potable, y otros 1.700 millones de ciudadanos carecen de saneamientos adecuados. En 1986, el agua insalubre causó la muerte de 27.000 personas al día, según la Organización Mundial de la Salud.
El agua dulce será el recurso más importante del próximo siglo. Quizá más importante que el petróleo. O bien su carencia impedirá alimentar a una población superior de la Tierra o simplemente evitará el desarrollo industrial de las zonas deficitarias en agua dulce. El 47% de la población mundial se sitúa en las cuencas de los ríos. Pero estas grandes corrientes, 217 en total, dicurren por varios países simultáneamente.
Pese a todos los tratados internacionales para repartirse ese fluido con educación y solidaridad, muchos conflictos han estallado desde hace décadas y siguen en la actualidad. El Indo y su influencia económica son la base de un conflicto larvado, pero con amenzas nucleares entre Pakistán y la India. El Tigris y el Eufrates enfrentan a Turquía con Irak y Siria. Los países árabes consideran un acto beligerante la gran presa de Turquía, Atartürk. Los proyectos turcos en la Anatolia, con 21 embalses y 19 centrales hidroeléctricas, elevarán considerablemente la tensión.
El Jordán y sus afluentes son la fuente de las disputas bélicas entre Israel y Siria, Jordania, Líbano y Egipto. Además, el agua dulce es el principal factor de tensión con el pueblo palestino, castigado a tener menos agua que los israelíes. Unos consumen 119 metros cúbicos al año y los otros 354.
El Nilo, todavía no ha enfrentado a sus países ribereños. Pero es sólo cuestión de tiempo: cuando Sudán y Etiopía tengan medios para regular su caudal. Un nuevo conflicto enfrenta a Botsuana y Namibia. Este último país quiere bombear 250 millones de metros cúbicos de agua, que afectarían gravemente al sistema ecológico del delta interior del Okavango.
Un último conflicto se ha dirimido en la Corte Internacional de la Haya: Eslovaquia y Hungría se han repartido más equitativamente las aguas del azul Danubio.
Pero el agua dulce no sólo enfrenta a países. También provoca grandes traumas sociales. Como el que ocurrirá con el millón y medio de chinos que serán desplazados cuando la gigantesca presa de las Tres Gargantas, sobre el río Amarillo sea una realidad.
El Tíbet, un país invadido por China, pobre, colonizado y sometido, sólo consume el 1% del agua dulce que producen sus montañas. De sus aguas bebe el 47% de la población mundial. Más de 27.000 obras regulan esos caudales, sin que la población se beneficie. El próximo siglo surgirán problemas.
Tierra
La tierra es otro elemento vital que causa grandes conflictos. La matanza de un millón y medio de tutsis y el posterior éxodo de otros tantos hutus de Ruanda hace tres años tiene una explicación. Ese país es el de más densidad demográfica de Africa y no el más grande. En Ruanda no hay tierras para todos. La guerra étnica sirvió para repartirse lo que el colonialismo no dejó solucionado.
Otro tanto puede estar pasando en Argelia. La matanza de familias enteras campesinas tiene como fin no dejar herederos que reclamen las únicas tierras fértiles del país. Fueron cedidas por un Estado semi-socialista hace tan sólo una generación, tras la independencia de 1962. ¿Quién se las apropia?
Otro tanto ocurre en Colombia. Son ya un millón las personas desplazadas por la violencia que enfrenta a los paramilitares y el Estado por el control de las tierras donde se cultiva la coca.
Aire
Por último, habría que citar la contaminación del otro elemento vital: el aire. Son 230.000 toneladas de dióxido de carbono (CO) las emitidas al año. EEUU es responsable del 25% de este problema que provocará un problable cambio climático que afectará a todos los países. El siglo que viene habrá quien reclame a este país la responsabilidad que le corresponde si pierde sus cosechas.
Agua, tierra, aire. Tres elementos a proteger porque si no vendrá el contradictorio tío Sam.
Gustavo Catalán Deus

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