martes, 22 de febrero de 2011

"NO TIENE SENTIDO GASTAR 4.000 MILLONES DE EUROS PARA TARDAR VEINTE MINUTOS MENOS PARA LLEGAR A MADRID"


Me mandan está interesante entrevista una amiga Navarrica es exportable a toda España.




"No tiene sentido gastar 4.000 millones de euros para llegar veinte minutos antes a Madrid"
Son 150 personas en Navarra, pero sus ideas se amplifican en Internet. Cuestionan conceptos ligados al progreso como desarrollo, competitividad y individualismo; criticismo social que convence cada vez más. Decrecimiento no es un objetivo sino un medio para recuperar el "equilibrio"




Juan Carlos Berasategui.


Mantiene reuniones con los sindicatos para plantearles que en sus negociaciones primen el reparto de empleo frente a las subidas salariales, y en esa misma línea han impulsado una campaña dirigida a los trabajadores de la Administración.


Esta primavera celebrarán la segunda fiesta del decrecimiento, que se va a centrar en la idea del trabajo colectivo, trabajan varios grupos de debate... Dale la Vuelta aboga por el decrecimiento como herramienta para lograr un mayor equilibrio con los demás y con cada uno.
¿No hay alternativa que no sea decrecer? Suena utópico...
Decrecer no es una alternativa, en todo caso la reducción del consumo de bienes y de energía es un camino hacia modos de producción y consumo que respeten la capacidad del planeta para generar recursos sin condenar a la miseria a la mayoría de la población mundial, como sucede ahora. Puede sonar irreal, pero hoy resulta claro que una vez que se sobrepasan los límites, el crecimiento económico conduce al colapso ecológico por el derroche de energía y materias primas, generando cada vez mayores desigualdades entre países, instituciones o personas. Lo que es utópico es crecer de forma ilimitada en un marco finito, el de nuestro planeta tierra.
¿El socialismo está tan caduco como el capitalismo, el neoliberalismo...?
Lo que está caduco, a nuestro entender, es el modo de entender la economía como un proceso ilimitado de crecimiento. Y esta creencia es hoy compartida tanto por la derecha como por la izquierda; es lo que llamamos desarrollismo, productivismo o situar las relaciones económicas por encima del ser humano. Dicho esto, no sería justo equiparar izquierda y derecha, porque en un caso se pone más el acento en la equidad, la satisfacción de necesidades o los bienes de carácter público, mientras que la derecha prioriza la libertad, el individualismo o la competitividad como fundamento del progreso y la justicia social.
¿Hay alguna experiencia de sociedad que esté funcionando bien?
Por ejemplo, la creación de grupos de consumo km 0, ligados en un principio a productos ecológicos, pero cuyo fundamento es producir y consumir con la mayor cercanía posible, de forma que baja drásticamente el nivel de emisiones ligadas al transporte de los productos consumidos. En Vitoria, igual que en otras ciudades cercanas, se han comenzado a crear huertos urbanos gestionados colectivamente para uso de los propios cultivadores. Experiencias de este tipo llevan ya tiempo funcionando en Mallorca, diversos lugares de Cataluña y, por supuesto, en Francia. Existen iniciativas, de muy diverso carácter, para compartir el coche varias personas: desde la propiedad colectiva de varios vehículos que se utilizan en función de la necesidad, una especie de cooperativa de consumo de kilómetros, hasta empresas creadas para ofrecer vehículos en función de las necesidades por unos precios muy moderados.
Vivir una vida austera, sin tecnología, sin televisión, sin cargas, sin hipermercados... ¿Cómo bajar el nivel de bienestar y consumo? ¿Mejor dicho, cómo reeducarnos?
No se trata de renunciar por sistema ni a la tecnología ni a las comodidades. El decrecimiento lo que plantea es cambiar la pregunta y plantear antes si una actividad o una forma de consumo es sostenible ambiental y socialmente, en vez de si supone una vida más cómoda o si me lo puedo permitir por mi situación económica. Por ejemplo, está claro que los viajes en avión suponen una emisión de gases de efecto invernadero que hace inviable la generalización de este medio de transporte más allá de las élites que actualmente lo utilizan. Bastaría con volver a la situación de la Europa de los años 70 para recuperar el equilibrio ambiental.
¿Cómo pagamos la hipoteca si repartimos el trabajo para salvar el planeta y para que haya un reparto más justo de los recursos?
Quizás tengamos que plantear antes el tipo de vivienda necesario, cuántos metros hacen falta para vivir dignamente, si es viable tener cada cual un jardín en casa o hay que volver a modelos de ciudad compacta, donde seguramente los precios del suelo y de la vivienda no son tan altos. Aunque está claro que hará falta un período largo de transición porque no se puede dar un carpetazo a la forma de funcionar que hemos tenido las últimas décadas y hacer tabla rasa. Lo que no tiene sentido es seguir generando las mismas hipotecas que hace 20 años, los mismos desarrollos urbanísticos insostenibles o el mismo transporte individualizado y consumidor de recursos.
¿Cómo decrecer en Navarra?
En primer lugar creo que habría que revaluar las iniciativas ya existentes en clave de su sostenibilidad, consumo de recursos, capacidad para satisfacer necesidades de unos pocos o de sectores más numerosos. Me parece por ejemplo que no podemos seguir compitiendo entre localidades, barrios, valles, comunidades autónomas, etcétera para tener un auditorio como el del pueblo de al lado, un pabellón polideportivo como el de la capital de la provincia o un plan de urbanismo con más viviendas y más grandes que en el pueblo de al lado. La competitividad nos lleva a olvidar los propios límites, tanto sociales como ambientales. En lo concreto, habría que optar por políticas de rehabilitación de vivienda y no por generar más suelo urbano, apoyar e incentivar que salgan al mercado los miles de viviendas vacías que hay en Navarra... O no gastar 4.000 millones de euros para llegar veinte minutos antes a Madrid a costa de destrozar el territorio y sin incidir en una reducción significativa del transporte por carretera (en relación al TAV)...
¿Y esa escalada de consumo cómo pararla desde casa, desde el barrio...?
El decrecimiento en el consumo está asociado a prácticas como los mercadillos de objetos usados, los rastros o los espacios de trueque.... En Pamplona por ejemplo existen ya varios lugares donde cada uno lleva lo que ya no utiliza y toma lo que necesita, sin necesidad de intercambiar dinero. Y de forma semejante, pero en el ámbito del trabajo y los servicios, merece la pena conocer la experiencia del Banco del Tiempo en el Casco Viejo de Pamplona.

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