lunes, 17 de enero de 2011

Cóctel de plaguicidas en los alimentos




Un estudio alemán alerta sobre las frutas y verduras de origen españolPimientos, lechugas, tomates, manzanas... son algunos de los alimentos que forman parte de todas las cestas de la compra. Son sin duda los alimentos más sanos, pero, debido a los métodos de cultivo intensivos, llegan al plato contaminados con residuos de plaguicidas.

Expertos del Instituto de Investigación Química y Veterinaria de Stuttgart (Alemania), tras cinco años de investigación han concluido que, en Alemania, el 80% de la fruta y la verdura convencional está sobrecargada. Peor noticia es que los científicos de Stuttgart encontraron en los pimientos y uvas procedentes de España hasta 16 sustancias químicas diferentes. En tomates hallaron 15 tipos distintos y en fresas, 14.

Los valores máximos permitidos para los residuos de los más de 800 plaguicidas autorizados en Europa varían entre países. Por el momento, los centroeuropeos y nórdicos tienen que aceptar los productos que les llegan más contaminados de otros países (en general los países del sur utilizan más plaguicidas, entre otras razones por motivos climáticos) porque son legales en origen, pero algunas distribuidoras presionan para que en España, Italia, Grecia y Turquía se reduzca el uso de plaguicidas. Además es frecuente que las autoridades de control alemanas denuncien los productos españoles en cuanto superan los valores permitidos (por España).

Los consumidores españoles, según se desprende de todo esto, son seguramente de los más expuestos a los plaguicidas. Si se realizara en España un estudio similar al citado de Stuttgart probablemente daría como resultado cifras mucho más alarmantes.

La bioquímica Irene Witte, profesora de la Universidad de Oldenburg (Alemania), cree que cuando en una pieza de fruta se combinan varios plaguicidas a la vez pueden ocurrir fenómenos imprevistos aún poco conocidos. Witte lleva 20 años investigando el efecto de los plaguicidas sobre las células y ha descubierto que los ingredientes liposolubles de unos abren las paredes celulares para los hidrosolubles de otros, de modo que en los plasmas celulares tienen lugar reacciones en cascada y desconocidas. Por tanto, los efectos sobre la salud humana tampoco se conocen bien.

La Organización Mundial de la Salud cataloga una serie de plaguicidas como posibles causantes de cáncer. Se ha demostrado además que muchos dañan el sistema nervioso central, que pueden alterar la información genética y que pueden actuar en el organismo humano como si fueran hormonas. Dado el «efecto cóctel», todas las alteraciones pueden combinarse y potenciarse en los cuerpos de las víctimas.

El efecto hormonal es el que más se está estudiando, pero los hallazgos realizados hasta el momento no han obligado a introducir cambios significativos en las legislaciones. Greenpeace ha constatado en un informe reciente que es difícil demostrar científicamente la relación entre enfermedades y residuos de plaguicidas por debajo de los límites permitidos. Pero que no se haya podido demostrar el vínculo de causa efecto con los métodos epidemiológicos actuales no significa que no exista.

¿Quién corre más riesgo?La manipulación incorrecta de los plaguicidas es la principal razón de que en los alimentos que llegan hasta los hogares se encuentren tales cantidades de residuos. Los que más peligro corren son los trabajadores del campo, especialmente los que trabajan en viveros donde están expuestos directamente a las sustancias. Si las aplicaciones en el campo se hicieran correctamente, buena parte de los plaguicidas se eliminarían a lo largo del proceso de maduración.

Esto es en teoría, pero en la realidad ocurre que se utilizan cantidades superiores a las recomendadas y, sobre todo, se cosecha antes de lo debido. Buena parte de la culpa es de los distribuidores, que desean abastecer los mercados con todo tipo de hortalizas durante todo el año. La producción fuera de temporada se hace en invernaderos o en lugares lejanos y lógicamente requiere una aplicación intensiva de plaguicidas. Además los agricultores no quieren arriesgarse a perder unas cosechas que tienen vendidas por anticipado y se curan en salud con dosis extra.

Asimismo influye a menudo el factor clima: las frutas no siempre maduran de acuerdo con los plazos estipulados en los contratos. Si se retrasan porque han faltado días de sol o paciencia, se cosechan por anticipado y no se deja tiempo suficiente para que se eliminen los tóxicos.

Consejos para el consumidor1.- Lo más recomendable es elegir productos ecologicos, que están prácticamente libres de plaguicidas (a veces se encuentran cantidades insignificantes debido a que se han utilizado cajas, contenedores o medios de transporte usados antes con cultivos convencionales).

Conviene especialmente que sean ecológicas las variedades «cóctel» (pimientos, tomates, uvas, fresas...) y, en general, las frutas con pepitas o hueso, como las nectarinas, los melocotones, las manzanas o las peras. Las hortalizas más contaminadas son las espinacas, el apio, las patatas y los pimientos. Los vegetales ecológicos también son la elección más recomendable para mujeres embarazadas, lactantes y niños, pues es necesario proteger los sistemas nervioso, endocrino e inmunitario durante su etapa de formación, cuando son más vulnerables.

2.- Si se opta por los productos de cultivo intensivo, hay que elegir frutas y verduras de temporada. Son los que suelen estar más limpios, especialmente el brécol, los guisantes, el aguacate, las piñas y los mangos.

3.- Antes de comer, lavar bien. Parte de los plaguicidas se acumulan sobre la piel del alimento, que también puede estar recubierta de ceras que mejoran su aspecto (les confieren brillo).Es eficaz lavar con un cepillo especial. En el caso de las hortalizas de piel fina, conviene pelarlas. En cualquier caso, siempre quedará una proporción de plaguicidas sistémicos que han llegado hasta la pulpa.

4.- En las verduras de hojas grandes, conviene eliminar las hojas exteriores. No sólo acumulan plaguicidas, también recogen los metales pesados transportando por el aire, como el cadmio y el plomo.
enviado por Manuel Luis

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