miércoles, 10 de febrero de 2010

LOS VECINOS OPINAN SOBRE LO NUCLEAR

¿Cuánto cambia la vida de los vecinos de un municipio cuando tienen una central nuclear? Pues más bien poco. Al menos esa es la sensación que los vecinos de Zorita de los Canes (Guadalajara), el pueblo más cercano a la central nuclear José Cabrera, transmiten.
Qué! ha pasado un día con los vecinos de esta pequeña localidad de 84 habitantes en la que ninguno de ellos trabajaba en la central cuando estaba funcionando ni trabaja ahora que está siendo desmantelada. "Los que trabajan en la central son ingenieros y obreros de Guadalajara y Madrid. De aquí del pueblo no trabaja nadie en la central", expresa Tomás, que regenta el único bar del pueblo. "Cuando funcionaba -añade María del Carmen, su mujer- no notábamos que entrase dinero".  
Sí recibió dinero, en forma de subvención, el ayuntamiento. También los de alrededor. Pero de lo que se quejan los vecinos es que este dinero fue a parar al consistorio y la central no generó riqueza en forma de empleo. "La central tenía que haber permitido crear empresas, darnos oportunidades a los vecinos. Pero no hizo nada de eso. La vida, con central o sin ella, es la misma para los vecinos de un pueblo pequeño". Sostiene María del Carmen.  
Fausto Herrero es pastor, profesión que califica de "esclava". "A la gente que recibe una central -explica- le cambia poco la vida. El único trabajo que daba a la gente del pueblo era los meses de recarga, y a veces ni eso". Agustín Muñoz, su amigo, añade. "La edad media en este tipo de pueblos es de 75 años. ¿A quién le va a dar trabajo?".  
Zorita de los Canes está al lado de Yebra, candidata a acoger el almacén de residuos nucleares. Los vecinos de Zorita ven con la misma desconfianza la instalación del cementerio nuclear y avisan. "El dinero será para el alcalde, no para los vecinos", asegura Agustín. "Por eso nadie lo quiere. Los que dice sí es porque saben que tendrán beneficios".  
Javier y Javier, además de tocayos, son cuñados y amigos. Su opinión es muy diferente. Viven en Yebra, pegado a Zorita, y quieren el almacén de residuos en su pueblo. "¿Cómo se puede decir 'no' a una oportunidad así? La mayor parte del pueblo sí que quiere, que no os engañen", afirma. "Si no quiero una instalación empresarial así para mi pueblo, es que no quiero a mi pueblo".  
Pero la central no sólo afecta, en un sentido u otro, a la vida económica de los vecinos. También está la salud. "Aquí nadie muere de muerte natural, casi todos los vecinos mueren de cáncer", afirma Agustín. Lo mismo dicen María del Carmen y Tomás. "Hay muchísimos casos de cáncer. Es raro la persona mayor que no padece uno".  
"A mí no me gusta decirlo", explica Fausto, el pastor, bajando la voz, "pero me salen unos 20 corderos deformes al año, cuando antes esto no me ocurría... La veterinaria me dice que no es por la central, pero yo no sé...", añade con timidez.  
Pese a ello, la central no 'espanta' a los visitantes. Ana regenta el único hostal de Zorita de los Canes. "A veces preguntan si sigue funcionando, pero nadie muestra temor. Incluso muchos visitantes vienen para verla. Aquí nadie tiene miedo", explica. María del Carmen añade que el temor es mayor ahora "que la están desmantelando, que cuando funcionaba. A ver si viene un 'pata' y saca el tornillo que no debe". "Además -opina- si hay un accidente las consecuencias llegarían mucho más allá del pueblo. Madrid está a 50 kilómetros".  
"Miedo no, pero está demasiado expuesta", dice Agustín. "¿Y si viene el Bin Laden ynos pone una bomba?

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