martes, 6 de octubre de 2009

Cultivar tu salud y la del planeta





Fecha del artículo 7/9/2009 / Fecha de alta en Natural 7/9/2009

Salud y nutrición van íntimamente ligados, por lo que promover unos alimentos puramente ecológicos nos ofrecerá un bienestar diario. La clave está en cultivar en nuestra propia casa un pequeño huerto ecológico con alimentos propios, de forma sana y natural. De esta manera, estaremos cultivando no sólo nuestra salud, sino la de todo el planeta
La estrecha relación entre alimentación y salud ha quedado más que demostrada en las últimas décadas y son numerosos los estudios que relacionan la prevención de enfermedades o el menor índice de cáncer y otras patologías degenerativas entre las personas que consumen diariamente abundantes frutas y verduras frescas. Incluso la OMS insiste en que consumiendo diariamente de tres a cinco piezas de fruta y unos 500 gramos de hortalizas y verduras (sobre todo las de color verde oscuro) se evitaría el 60% de los cánceres actuales.
Aunque, si bien la información referente a la relación entre alimentación y salud empieza a ser asimilada por la sociedad, lo que todavía no se ha integrado es que no ejercen los mismos efectos beneficiosos las frutas y verduras de cultivo convencional y agroquímico, que las procedentes de cultivo ecológico. Y ello, a pesar de que en los últimos años se han publicado varios estudios que demuestran la mayor proporción de nutrientes esenciales y de sustancias fitoactivas, como son y antioxidantes y polifenoles, o la alta presencia de sustancias antimutágenas, como el licopeno de los tomates, el resveratrol de la uva negra, o el sulforafano de los brócolis o los índoles de las hojas de col.
Recientemente, se han publicado varios estudios que constatan períodos de longevidad de unos 8 a 10 años más de media de vida entre los grupos de población de países como Canadá o Inglaterra con predominio de dieta vegetariana sobre los grupos de personas de los mismos países con predominancia del consumo de carne en su dieta cotidiana.
Dos modos de alimentación
Otro estudio muestra cómo las personas que tras padecer un infarto de miocardio cambiaban a una dieta con alimentos producidos de forma ecológica reducían en un 50% más probabilidades de padecer un nuevo infarto, mientras que no mejoraban quienes seguían con su dieta habitual.
En la práctica, quizás el contraste más evidente de la relación dieta y salud, lo han protagonizado en los últimos años dos estadounidenses: Morgan Spurlock y el pediatra Dr. Green, quienes realizaron dos proezas muy contrapuestas, aunque muy ilustrativas sobre los efectos de la dieta en la salud.
Spurlock se hizo famoso por comer durante algo más de un mes únicamente el menú McDonald´s, y el pediatra Dr. Green comió durante tres años exclusivamente alimentos con certificación de producción ecológica.
Por un lado, Spurlock fue empeorando cada día su salud, en su intento de comer sólo la dieta McDonald´s, hasta el punto de que en apenas unas semanas engordó tanto y empezó a padecer trastornos degenerativos de hígado y páncreas, que los médicos le aconsejaron recortar radicalmente el experimento al cabo de apenas un mes, presentando síntomas habituales de vómitos, dolor de cabeza, mal humor y cansancio generalizado. En cambio, el doctor Green fue mejorando progresivamente su salud, en la medida que sólo comía alimentos de producción ecológica y a los tres años (plazo que se puso de prueba, basado en que es el plazo fijado por los organismos certificadores para la reconversión de fincas de cultivo convencional a cultivo ecológico), Green declaraba gozar de una mejor salud que cuando inició la experiencia, disfrutando de mayor lucidez y vitalidad y de no parecer ni siquiera un simple resfriado.
Mientras para Spurlock fue fácil seguir su dieta «menú McDonald´s», viajando a lo largo y ancho de los Estados Unidos de América, para el doctor Green lo más difícil era conseguir alimentos de producción ecológica cuando viajaba y cuando comía fuera de casa.
A partir de esta clarificadora información, cabe preguntarnos: ¿Qué comemos cada día y en cada comida? ¿Qué proporción de frutas y verduras frescas? Y sobre todo: ¿qué parte de la dieta cotidiana son alimentos de cultivo o producción ecológica?
En este punto, el doctor Green comprobó que le salía muy caro comer todo ecológico, aunque lo solucionó reduciendo la proporción de carne de su dieta cotidiana e incrementando la ingesta de cereales y legumbres.
Si la clave de una buena salud está en reducir el consumo de carne y en comer alimentos cultivados de forma ecológica, y especialmente las frutas y verduras frescas, ¿por qué no cultivamos en casa nuestros propios alimentos de forma sana y ecológica?
Día a día, crece el número de personas que se hacen este planteamiento y que se animan a dedicar un pequeño espacio del jardín a huerto familiar, o que disfrutan consumiendo las lechugas, tomates, puerros, zanahorias, acelgas, espinacas, rabanitos o fresas, cultivadas en la terraza o el balcón de casa.
La posibilidad de cultivar una parte de nuestros alimentos cotidianos está al alcance de casi todo el mundo, ya que podemos cultivar desde unos saludables y regeneradores germinados de alfalfa en el alféizar de la ventana, hasta atrevernos con un huerto familiar de 50 ó 100 m², en donde crezcan de forma sana y ecológica la mayoría de las verduras de consumo cotidiano.
Espacio de cultivo
De hecho, en apenas 20 m² de huerto bien llevado tendremos a menudo excedentes de calabacines, judías tiernas, tomates, berenjenas, lechugas, puerros, zanahorias, acelgas, espinacas, guisantes, cebollas, brócolis o pepinos, que crecerán junto a unas hierbas aromáticas o unas plantas medicinales.
Para ello, sólo necesitamos conocer las posibles limitaciones de nuestro espacio de cultivo, realizando una buena planificación de siembras y trasplantes escalonados a lo largo de los meses, con los cultivos específicos de cada época del año, seleccionando las variedades más adaptadas a la tierra y a las condiciones climáticas de nuestro huerto, e ir adaptando los cultivos, haciendo una selección de las variedades que vamos cultivando año tras año, eligiendo aquellas que mejor se desarrollan y guardando nuestros propios simientes.
Si la tierra que disponemos es pobre o ha sido maltratada con agrotóxicos, la regeneraremos con aportes de buen compost y sembrando abonos verdes (vezas y habas forrajeras) en los bancales o parcelas que queden libres durante el otoño e invierno, incorporando a la tierra toda su masa foliar en primavera, tras un triturado en superficie.
La calidad del compost o de las materias orgánicas que aportamos para incrementar la fertilidad de la tierra es una de las claves de la salud de nuestras plantas, por lo que elegiremos bien el compost a emplear, e incluso haremos pruebas en un mismo bancal con compost y estiércoles de diferentes procedencias, eligiendo el que a la larga observemos que da los mejores resultados de desarrollo y producción. Un compostero doméstico nos permitirá reciclar los restos de cosechas y los materiales orgánicos de la cocina y nos proveerá un compost de excelente calidad. Otra de las claves de la salud de las plantas cultivadas de forma natural consiste en no enterrar la materia orgánica fresca, ya que su fermentación a nivel de las raíces genera sustancias tóxicas para las plantas cultivadas, y propicia la aparición y proliferación de parásitos dañinos como los pulgones. Por lo que la experiencia práctica nos aconseja recurrir a los abonos en superficie, sin enterrarlos.
Aunque si dejamos el compost en superficie se deshidratará y se deteriorará por acción de la radiación ultravioleta. Lo idóneo será proteger la tierra y el compost con un buen acolchado orgánico (dando excelentes resultados los acolchados de paja). Además los acolchados orgánicos permiten retener mejor la humedad del suelo y ahorran riegos, al tiempo que su sombra impide la germinación de plantas competidoras y nos ahorra tareas de desherbado.
Otro aspecto que preocupa a los principiantes de huerto ecológico es el miedo a las plagas y a los posibles parásitos que puedan dañar, mermar o arruinar nuestros cultivos. En la práctica, si seguimos los planteamientos de la agricultura ecológica y además no enterramos la materia fresca en la tierra (cercana a las raíces) las mismas plantas cultivadas se encargan de generar sustancias insectífugas, insecticidas, o de protección ante cualquier parásito o problema.
Es más, cuando las condiciones climáticas o la mala calidad de la semilla, hacen que nuestras plantas están débiles y aparecen problemas, la agricultura ecológica nos ofrece un gran abanico de posibilidades y opciones para reforzar la vitalidad de las plantas y evitar que sean dañadas y también disponemos de algunos productos naturales para el control biológico de plagas y enfermedades. Remedios tan sencillos como el extracto de ajo o el jabón potásico, para combatir el pulgón o las moscas blancas; o el suero de leche (diluido a 5%) como excelente antifúnjico que mantendrá a raya los ataques de hongos como los oídios o el mildiu, sirviendo al mismo tiempo de abono foliar y sin que produzca los efectos secundarios de los fungicidas químico-sintéticos, o incluso la alteración en la vida del suelo o la actividad de las micorrizas simbióticas con las raíces las plantas, que provoca el uso de los preparados con cobre autorizados en agricultura ecológica.
Cultivar un pequeño huerto ecológico ya sea en el jardín, la terraza o en la parcelita del huerto urbano que nos facilita el ayuntamiento, merece la pena por muchos motivos, y no sólo porque nos abastece de alimentos frescos y saludables.
Huerto ecológico
De hecho, podemos tomarnos lo de cultivar un huerto ecológico como una práctica terapéutica. Ciertamente, merece la pena –aunque sólo sea como acto sanador– recuperar cotidianamente el vínculo con nuestras raíces y con la naturaleza y no dejarlo únicamente para los agobiantes fines de semana en los que escapamos por millones de las grandes ciudades para ir a la montaña, a la playa o al pueblo de los abuelos. Incluso si lo pensamos bien, quizás el tiempo dedicado al cuidado de las plantas y al disfrute del espacio lleno de verdor y colorido, nos aporte más beneficios psíquicos y físicos que las terapias psicológicas o el tiempo dedicado a ir al gimnasio.
Las opciones para crear un huerto saludable y ecológico son muchas y muy variadas, dependiendo tanto del espacio o el tiempo disponible, como de las preferencias en cuanto a la elección de los cultivos, la orientación solar o las condiciones climáticas. En la práctica, resulta interesante que en nuestro huerto cultivemos además de las hortalizas de consumo frecuente, también flores y plantas ornamentales, así como plantas aromáticas, condimentarias o medicinales.
Cuando cultivamos una amplia variedad de plantas, resulta más fácil realizar rotaciones de cultivos en las diversas parcelas, de modo que una misma familia de plantas no crezcan en el mismo sitio varios años seguidos. Con ello, evitamos la especialización de ciertos parásitos y mantenemos el huerto más saludable. Otro punto interesante en el cultivo ecológico es tener en cuenta todo lo relacionado con las asociaciones favorables. Hay plantas que se llevan mejor entre ellas y otras que se desarrollan mal o tienen problemas cuando las cultivamos juntas. Algunas incluso, como la albahaca, no sólo protege a pimientos y tomates de ataques de pulgón, sino que además estimula la salud y vitalidad de todo las plantas que crecen a su alrededor, e incluso se ha observado que, cuando se depositan hojas de albahaca en la tierra donde se cultivan patatas, se incrementa hasta un 40% la cosecha. Además que cultivando albahacas, disfrutaremos de su fragante aroma y siempre tendremos a mano unas hojitas para preparar la exquisita salsa pesto o condimentar nuestros guisos y ensaladas.
A menudo, oímos que el cultivo de hortalizas es complicado o da problemas y mucho trabajo, pero lo cierto es que si seguimos los métodos y las recomendaciones de los horticultores más experimentados o nos proveemos de una buena guía para el cultivo, como el recientemente publicado «Manual práctico del huerto ecológico»–libro publicado con los amigos de la editorial La fertilidad de la tierra-, todo resulta relativamente sencillo. Con un poco de ganas y la información y los conocimientos básicos, más un mínimo de espacio, algo de gratificante esfuerzo y un poco de tiempo, obtendremos una tierra fértil, unas plantas sanas, consiguiendo abundantes y nutritivas cosechas.
En este nuevo libro he sintetizado la información básica de mi primer y completo libro «El huerto familiar ecológico» y, aparte de exponer de forma concisa y gráfica –con cientos de fotos- los métodos y técnicas de cultivo que han demostrado dar mejores resultados, hemos incluido todo lo aprendido y experimentado a lo largo de estos diez años que han pasado desde que en 1999 apareciera la primera edición del libro. Si tenemos la posibilidad -por pequeño que sea el espacio disponible-, vale la pena que nos decidamos a cultivar nuestros propios alimentos de forma sana y ecológica. De hecho, la práctica del huerto ecológico nos permitirá, al mismo tiempo, cultivar nuestra salud y cultivar la del planeta.

Mariano Bueno
Experto en Geobiología, Bioconstrucción y Agricultura Ecológica

Revista Otoño 2009

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