viernes, 5 de junio de 2009

ecologia


Una vez leido el siguiente texto, entramos en concurso y os preguntamos ¿quien nos ha enviado este texto reflexionado, madurado y bastante duro?

Al que acierte, se le dará el privilegio de venir con nostros a la próxima relantación de árboles en....(no lo digo no se enfade el Alcalde y nos mande a las fuerzas armadas alcorconeras)

Alumnos y profesor intercambiamos el otro día en clase de Nuevo Testamento cuatro palabras sobre ecología, y os remito ahora algunas más de cuatro para pensar con vosotros sobre ese tema, sobre lo que significa y comporta la verdadera ecología, la cristiana, esa que pone el bien común del ser humano por encima de todo y, necesariamente, en comunión con todo lo que el buen Dios le entregó para que construyera un cielo en la tierra.
Con el paradigma socioeconómico actual hemos logrado gestas hasta ahora desconocidas: un 35% de la humanidad vive por debajo del umbral de la pobreza, dos niños mueren de desnutrición cada tres segundos, miles de mujeres al día mueren por enfermedades tan tratables como hemorragias postparto, un continente entero se sigue muriendo a dos bandas (Africa, entre la malaria y el sida), las reservas naturales de agua y materias primas amenazan con decir basta, un 17% de la humanidad desconoce el agua potable, los basureros tecnológicos están disparando las enfermedades tumorales (eso si, en el Tercer Mundo, donde la vida vale menos), el cambio climático invita a pensar en un futuro diferente, y todo esto por no hablar de las multiformes injusticias y atrocidades que los adinerados y poderosos (los que poseen y/o gestionan las fuentes de energía convencional, la "marrón" pues es un buen marrón el que entrega a los que vengan) como el tráfico de armas o diamantes y la esclavitud de niños trabajando para multinacionales occidentales.
Con el paradigma socioeconómico actual la energía nuclear es indispensable, pues la desmesurada exigencia de consumo de bienes y energía así lo dicta. Esa energía sigue siendo tan potente y barata como contaminante, sin haberse encontrado aun más remedio para su tratamiento que sumergirla en el fondo del mar en bidones que, tarde o temprano, sufrirán fugas que contaminarán el mar en el que se bañarán generaciones enteras que comerán igualmente esos peces contaminados. En espera de que podamos usar el espacio exterior como basurero radiactivo no es mala solución la del mar. Total, ni a ti ni a mí nos va a tocar pagar las consecuencias...
Con el paradigma socioeconómico actual la intolerancia religiosa y de bloques nacionales se está radicalizando, alumbrándose una nueva forma de guerra fría. La carrera armamentística prosigue con buen paso, a costa de las masas de pobres que pagan con sangre los abusos y cacicadas de sus gobiernos, aliados del bloque occidental o de los bloques "disidentes de la civilización", como son los bloques indigenistas, comunistas o islamistas.
Podría seguir hablando de ecología porque todo esto lo es, y no sólo la causa de las focas y las ballenas (que también). Necesitamos pensar la vida de otra forma, cambiar de criterios, hacer un mundo más justo y menos centrado en el capitalismo consumista e injusto por definición y por cuna.
Claro que la energía verde es más cara y cuesta puestos de trabajo, pero si no nos atrevemos a apostar por un mundo diferente seremos cómplices de la atroz injusticia que puebla el planeta. En el sistema sociopolítico occidental no cabe el Evangelio y en el Evangelio no cabe este sistema. Evangelizar es dejarse transformar para ser transformador de la realidad, y eso supone opciones, renuncias, sacrificios, pero con este esquema social no hay mucho fututo más.
La ecología para un cristiano, para un franciscano también, no es un acto de filantropía sino una forma de culto a Dios que encuentra su cenit en la justicia social, y eso no es optativo por mucho que el sistema burgués y el oropel del bienestar material nos invite a dejarnos convercer.

La ecología no es nada parecido ni a los desatinos de algunos ecologistas ni a los abusos políticos de nuestros caciques. Le ecología es una aplicación de la religión, es una lucha por vivir en la armonía perdida, en la justicia soñada, en la fraternidad universal por la que algunos trabajamos y vivimos tras el ejemplo de hombres como Francisco de Asís.

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