jueves, 25 de junio de 2009

CHIVATAZOS ANONIMOS, SOPLONES

Protección de Datos alerta contra los chivatazos anónimos y los 'soplones' en las empresas

Donde la vista y el oído del gran hermano no alcanzan para vigilar lo que usted hace y dice en la oficina, ahí están sus compañeros de trabajo para controlarle y, si es necesario, delatarle. ¿Ciencia ficción? En absoluto. Aunque pueda parecerle una pesadilla, cada vez son más las empresas españolas que instalan buzones para recoger de forma anónima las denuncias de sus empleados soplones.

La Agencia Española de Protección de Datos (AEPD) alerta en su última memoria anual, correspondiente a 2008, de que el rápido desarrollo tecnológico está favoreciendo la puesta en práctica de ·nuevas modalidades de control· en el ámbito laboral que pueden violar las ·garantías de privacidad de los trabajadores·.< /font>

Entre otros posibles abusos cometidos por las empresas, la AEPD cita la ·integración de datos biométricos para el control horario·, el acceso al correo electrónico de los trabajadores, la instalación de videocámaras y sistemas de grabación de voz por supuestas razones de seguridad, la geolocalización o la ·implantación creciente de sistemas de denuncia interna y anónima· en los centros de trabajo.

Este último método de control ha sido importado de EEUU, y tiene su origen en la llamada Ley Sarbanes-Oxley aprobada por el Congreso estadounidense en 2002, que establece un conjunto de sistemas de alarma en las empresas para la detección de irregularidades financieras y contables. La norma resulta de obligado cumplimiento para todas las empresas que cotizan en algún mercado de valores de aquel pa&iacu te;s, incluidas las multinacionales españolas que operan allí y las filiales españolas de multinacionales norteamericanas cotizadas.

De denunciante a denunciado

En los últimos años, sin embargo, esta práctica se ha ido generalizando entre las empresas españolas. Y no sólo para poner al descubierto supuestas irregularidades financieras. Cualquier empleado puede convertirse en denunciante anónimo, pero también corre el riesgo de ser denunciado por un compañero. En teoría, los delatores pueden utilizar los buzones para informar a sus superiores de actividades ilegales o inmorales cometidas por otros trabajadores, como la facturación de gastos injustificados o excesivos, la utilización del nombre de la compañía para el enriquecimiento personal, o el acoso laboral y sexual. Pe ro, en la práctica, no hay límite al celo fiscalizador de los chivatos.

Imagine por un momento que un compañero le sorprende habitualmente utilizando su terminal de ordenador para leer El Confidencial, reservar un hotel para sus vacaciones o escribir un correo electrónico a un familiar. O que usted está harto de que ese mismo compañero se escabulla cada media hora para fumarse un cigarrillo o se pase la mañana hablando por teléfono con su esposa. O, peor aún, que alguien que no le quiere bien aproveche el anonimato para desprestigiarle con una acusación sin fundamento.

Casi todo está permitido. Y la falta de una normativa legal que regule el funcionamiento de los buzones de chivatos está haciendo que éstos proliferen en las empresas, pese a que el art&iacut e;culo 6 de la Ley Orgánica de Protección de Datos señala que ·el tratamiento de los datos de carácter personal requerirá el consentimiento inequívoco del afectado·, y que las denuncias anónimas en el ámbito laboral no cumplen, obviamente, ese requisito.

Sin embargo, la ausencia de un reglamento que desarrolle ese apartado de la ley y el desconocimiento de los trabajadores son las rendijas utilizadas por un número cada vez mayor de empresas para implantar lo que algunas han dado en llamar, un tanto cínicamente, buzones éticos, en los que cualquier empleado puede denunciar supuestas infracciones del código de conducta interno de la compañía.

La AEPD recomienda a las empresas que las denuncias no sean anónimas, aunque se debe garantizar la confidencialidad del denunciante, cuya identidad jam&a acute;s será revelada al trabajador denunciado en caso de que éste quiera ejercer su derecho de acceso, rectificación y cancelación. De esta forma, al quedar registrado el soplón, la empresa podría imponer sanciones y adoptar medidas disciplinarias en los casos de denuncias falsas o malintencionadas.

www.elconfidencial.com

1 comentario:

  1. cris, una humanista5/7/09 22:20

    ¡Menudo invento! No me extraña nada porque quizá sería como "informatizar" lo que algunos hacen ya pero con la ventaja de ser anónimo. Y como la incomunicación campa a sus anchas, los malosentendidos son cotidianos. Siempre cuento una anécdota que me sucedió hace unos meses.
    Hace un tiempo apareció una noticia en el New York Times que, primero me dio la risa, y después me aterrorizó.
    “Los directivos de una compañía de seguros intentan averiguar por qué nadie se percató de que uno de sus empleados estuvo muerto, sentado en su mesa, durante 5 días sin que nadie se interesara por él ni le preguntara qué le ocurría. Este empleado sufrió un paro cardíaco en la oficina que compartía con otros 23 trabajadores. El lunes por la mañana llegó a trabajar, discretamente, pero nadie notó que no se marchó nunca hasta que el sábado por la mañana el personal de limpieza preguntó qué hacía trabajando en fin de semana. Parece ser que era el “empleado ejemplar” según su jefe: “siempre era el primero en llegar por la mañana y el último en marcharse por la noche, por lo que a nadie le pareció extraño que estuviera continuamente en su sitio sin moverse y sin decir nada. Era bastante reservado y su trabajo le absorbía”

    Me parecía totalmente imposible pero cuando la hice circular entre mis compañeros de trabajo algunos lo vieron como posible. Eso me asustó aún más pero es cierto, cada vez estamos más desconectados de nuestro alrededor, más en nuestro mundo, más incomunicados. En algunos trabajos se está agudizando el “efecto ventilador” que se llama, uno llega por la mañana y enciende el ventilador para que todos los marrones vuelen lejos. Además no está bien visto hablar con los compañeros, ni reirse, ni moverse del sitio más tiempo del políticamente correcto. Por no hablar de que está de moda venir a trabajar enfermo, da igual de qué, con tal de no coger la baja.
    Con todo y eso me resisto a ver como “normal” algo que, para mí, se sale de toda lógica y es una aberración.
    No sé si soy una inadaptada pero… por si acaso ya sabeis, hablad con vuestro compañero de vez en cuando pero sobre todo, no llegueis los primeros, no os vayais los últimos y no trabajeis demasiado, porque…. NADIE SE VA A DAR CUENTA.

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