miércoles, 11 de febrero de 2009

Historia del ecologismo



Historia del ecologismo

La Conferencia de las Naciones Unidas de Estocolmo, celebrada en junio de 1972, fue la primera demostración de la preocupación mundial por el medio ambiente. Por primera vez se reunieron representantes de las naciones para evaluar el estado del planeta Tierra. A partir de entonces, el ambientalismo ha pasado a formar parte de la conciencia de la ciudadanía, y es una realidad que no puede faltar en las proclamas políticas, en los movimientos sociales y hasta en el empresariado.

Hoy en día encontramos movimientos ambientalistas antropocéntricos y egocéntricos. Los primeros se basan en la superioridad del ser humano respecto al resto de los seres vivos. De este modo, proponen medidas para la explotación de los recursos y la conservación de la naturaleza desde el punto de vista de su utilidad para las personas. Los segundos en cambio niegan el derecho del ser humano para disponer a su antojo de los recursos, y lo sitúan al mismo nivel que el resto de los seres vivos. Entre ambas posturas “radicales” se encuentran movimientos que combinan ambos polos

La hipótesis de Gaia (ecocéntricos)

La Ecología estudia los ecosistemas como integrantes de un gran sistema: la biosfera. Desde esta disciplina se sostiene que la biosfera tiene la capacidad de autorregularse, es decir, de controlar el medio ambiente global para cubrir sus necesidades.

Gaia es la personificación griega de la Madre Tierra. Esta gran criatura mitológica tendría el poder de acondicionar los elementos primarios de la Tierra para regular los fenómenos relacionados con la vida. Esta hipótesis se basa en los siguientes argumentos:

  • Los gases de la atmósfera proceden fundamentalmente de los seres vivos (y, por tanto, de la propia biosfera).
  • A pesar de que el Sol ha incrementado su luminosidad a lo largo del tiempo, la temperatura media de la Tierra se ha mantenido más o menos constante.
  • La cantidad de nitrógeno y oxígeno -necesarios para la vida-, presentes en la atmósfera terrestre y que deberían ser similares a las de otros planetas, sólo se explica gracias a la presencia de seres vivos.

En definitiva, Gaia se comportaría como un sistema auto-regulador (que tiende al equilibrio). La teoría fue ideada por el químico James Lovelock en 1969 (aunque publicada en 1979) siendo apoyada y extendida por la bióloga Lynn Margulis. Lovelock estaba trabajando en ella cuando se lo comentó al escritor William Golding, fue éste quien le sugirió que la denominase “Gaia”, diosa griega de la Tierra (Gaia, Gea o Gaya).

Hippies: (antropocéntrico)


Hace 40 años más de 100.000 jóvenes se reunían en San Francisco para celebrar el nacimiento de una contracultura opuesta a la sociedad de consumo, basada en la paz, el amor, la ecología y la expansión de la conciencia. El acontecimiento se conoció como Verano del Amor, representó el nacimiento del hippismo y tuvo un impacto mundial. A pesar de lo efímero del movimiento su huella todavía se percibe en la cultura global, en elementos como la incorporación de disciplinas orientales, del ideal de la vida sana o del interés por la ecología a la vida cotidiana.

"El movimiento hippie fue una revolución, sus consecuencias se pueden ver aún hoy en la cultura que vivimos todos los días. En el yoga, el Tai Chi, el ideal de la dieta sana o de la ecología, que están instalados definitivamente entre nosotros. Sus aplicaciones prácticas también están a la vista entidades como Greenpeace, Amnesty International o Médicos sin Fronteras no existirían sin los ideales instalados por el hippismo y la generación del '60", dice Pipo Lernoud, poeta periodista y uno de los primeros hippies argentinos, aunque en aquel momento prefirieran llamarse a sí mismos "náufragos". Y lo hace en un momento especial: cuando se cumplen 40 años del Verano del Amor, aquel acontecimiento inaugural que reunió a más de 100.000 jóvenes en el barrio de Haight Ashbury, en San Francisco y marcó un antes y después en la cultura del siglo XX.”

Franciscanismo:

Francisco de Asís es considerado, desde siempre, el santo más "ecologista" de la Historia. Su persona y su modo de vivir la relación con la naturaleza –Francisco diría “la Creación”- cobraron actualidad, particularmente, después de que Juan Pablo II hiciera un llamamiento a vivir una "conversión cristiana a la ecología" como condición indispensable para ser fieles al Evangelio y como la única manera para todos, creyentes y no creyentes, de evitar una "catástrofe de dimensiones planetarias".

El santo de Asís en toda obra de la Creación admiraba al artífice. Atribuía al Creador las cualidades que descubría en cada una de sus criaturas, y de este espectáculo, que se convertía en su alegría, se remontaba hasta Dios creador, fuente de todo bien. Iba en busca de su Amado en todo lugar de la Creación, sirviéndose de todo el universo, como de una escalera, para elevarse hasta Dios.

San Francisco llamaba a los animales, al fuego y al agua, hermanos y hermanas, pues todas las criaturas provienen de la misma fuente y, por tanto, en cierto sentido, todos somos miembros de la misma familia.

Quien ama a los animales y a las plantas, en el sentido adecuado, ama por encima de todo a los hombres, para quienes ha creado el Señor todo el planeta. El hombre debe servirse de todo lo creado para mejorarlo, custodiarlo, transformarlo para gloria del Creador, gloria que consiste en el bien y la vida digna de todos los hombres y mujeres de la humanidad.

En la Creación, en la naturaleza, encontramos el lugar privilegiado de nuestro encuentro con Dios. No sólo queremos vivir juntos, orientados hacia la misma meta y ayudándonos a alcanzarla, sino que además nos volvemos los unos hacia los otros para amarnos mutuamente, según el mandamiento del Señor, lo cual incluye hacer que el planeta goce de la mejor salud para poder compartir con todos los bienes que Dios nos ha entregado para el disfrute y la vida digna de todos.

Los franciscanos, ecologistas por definición, anunciamos de palabra la paz y la justicia, pero la queremos llevar más profundamente en el corazón y manifestarla en nuestra vida y en nuestras obras.

Conscientes del compromiso franciscano por la paz y la justicia que la posibilita y extiende, los franciscanos hoy hemos de esforzarnos por desarrollar un plan positivo a favor de la paz, de la reconciliación y del rechazo de la violencia en todas sus formas.

Parte fundamental de nuestra ecología es la oposición a la carrera armamentista y al tráfico de armas, como también el apoyo activo y militante a los que apoyan el desarme nuclear y la defensa de la humanidad.

Inspirándonos en el "Cántico del Hermano Sol" –llamado también el Cántico de las Criaturas, aunque Francisco no canta a ellas sino a Dios por ellas y desde ellas- extenderemos nuestro cuidado fraterno a la naturaleza, hoy amenazada por la conducta irresponsable y ávida de la sociedad industrial y de consumo.

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